Isla Catalina

por Gabriel Fonseca

Gabriel Fonseca

Basta una imagen captada desde el espacio para observar que la península de la California Mexicana es un hábitat particular en el planeta. Impresionante por el contraste de un suelo árido, la franja serrana y el color del mar que la rodea.

La abundante vida marina alrededor de sus costas es avenida y cuna de especies migratorias, desde las aves que cruzan los cielos y descansan en sus esteros, hasta las ballenas, considerados los gigantes del mar, que cada temporada llegan a continuar con el ciclo de la vida. Todos suman características que hacen especial este territorio. No obstante, hay aún más.

Las islas del Mar de Cortés son conocidas por su belleza natural. Hay más de 900 islas, islotes e isletas entre los Estados de Sonora, Sinaloa, Baja California y Baja California Sur. Personalmente, quedé impactado con las islas Coronado, Danzante y Espíritu Santo. Son ideales para pescar, bucear, acampar y hacer senderismo.

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Si hablamos de actividades al aire libre, un lugar extraordinario y único es la Isla Catalana o Catalina, perfecta para la práctica del turismo de aventura. Situada en un conjunto de islas en la zona de Loreto, a menos de 30 kilómetros de las costas de la península cerca de la Isla Monserrat.

Como preámbulo tendremos a los delfines trompa de botella haciendo piruetas en el agua durante la travesía en bote a la isla. Desembarcar es relativamente fácil, la aventura comienza al explorar. Se inicia escalando por un arroyo, es recomendable usar botas para caminar seguro sobre piedras y espinas.

Elevas tu vista y te encuentras en un extenso bosque de cactáceas. En ese momento sientes que retrocediste en el tiempo al caminar sobre piedras con años de antigüedad. El objetivo de la caminata es subir un cerro para contemplar la magnífica vista al Mar de Cortés.

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Al avanzar, lo desconocido empieza a jugar con las emociones al no saber lo que se puede encontrar en cada movimiento, y a la vez, un sentimiento profundo de estar en un paisaje prehistórico, en un encuentro con una naturaleza anciana que se ha desarrollado libremente en un microclima especial, prueba de ello son los cientos de biznagas gigantes que abundan en la isla.

El camino es con el sol a plomo y en terreno complicado, hay que pisar con cuidado para no encontrar una Crotalus Catalinensis, mejor conocida como la cascabel silenciosa de la Isla Catalina. Esta es una serpiente venenosa endémica, la característica es que su cascabel no tiene sonido. Las sorpresas continúan al ir conquistando la subida para ver el otro lado de la costa. Un pintoresco arco sobre el mar con un fondo desértico-prehistórico genera muchas fotos para el recuerdo.

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Agradecimientos especiales a Elí García por la foto de la Cascabel Silenciosa.

Agradecimientos especiales a Elí García por la foto de la Cascabel Silenciosa.

Cuando llegas a la cima sabes que la aventura ha valido la pena. La vista del horizonte lejano deja sin aliento por unos segundos. Una imagen que queda para siempre grabada en los recuerdos es cuando miras hacia abajo sobre el acantilado. Aquella ocasión, cuando reventaban las olas en la playa y poco a poco se retiraba la espuma, observamos un pargo grande y colorido, desde esa altura teníamos la perspectiva de cualquier ave.

De vuelta a la playa donde estaba nuestro bote, tomamos un atajo por una vereda rocosa y bajamos en menos de la mitad de tiempo en que subimos. Después de descansar bajo la sombra de las tiendas de campaña, nos dimos un chapuzón en el mar.

Ya en el bote, al alejarnos de la isla, miramos las biznagas gigantes, y entonces te das cuenta que la caminata ha valido la pena por haber estado en un lugar que se ha conservado casi intacto durante miles de años.

Veta de oro de la Isla Santa Catalina

“El principal interés de la isla es una mina de oro que se encuentra en alguna parte de ella. Fue explotada mediante sistemas primitivos por un ranchero de la costa; pero, a su muerte, se perdió todo rastro de la veta y nadie ha podido localizarla.

Muchos gambusinos y mineros se han interesado en la isla, según tengo entendido El Boleo, la empresa minera de Santa Rosalía ha enviado expediciones a la isla en busca de yacimientos del mineral. La veta de oro no se ha podido localizar aún pero ciertos informes absolutamente fidedignos, muchos de los cuales van respaldados por mi propio testimonio, el mineral acaba de ser localizado, y un hombre de empresa que reside en la ciudad de La Paz tiene en su poder las muestras del mineral. Tanto el hombre que localizó la veta como quien tiene en su poder las muestras son íntimos amigos míos, y aunque no es de ellos de quien he recibido el dato, mi amistad me obliga a ser discreto y no escribir aquí los nombres de uno ni del otro.”

Fernando Jordan (1950) Mar Roxo de Cortés, Biografía de un Golfo.

 

 

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