Isla del Carmen

por Estela Davis

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Localizada en el Mar de Cortés, 15 km al este de Loreto, 11 km al sureste de Coronado y a seis de la costa de la península. Pertenece, igual que Coronado, al municipio de Loreto, cuya cabecera lleva el mismo nombre. Forma parte de un medio geográfico excepcional que la naturaleza privilegia con paisajes contrastantes de montaña, desierto y mar.

En la actualidad, la Isla es una concesión privada y un área protegida para la conservación de la vida silvestre sin más habitantes que los vigilantes y guías.

Su forma es alargada y ocupa unos 150 kilómetros cuadrados; tiene unos 28 km de largo y una cordillera que la recorre con elevaciones de hasta 479 metros sobre el nivel del mar. Permite una intensa convivencia con la naturaleza ya que ofrece una completa privacidad y libertad para disfrutarla.

La historia de la Isla del Carmen gira básicamente alrededor de su depósito de sal ubicado al Norte de la Isla, en la zona denominada Bahía Salinas. En 1698 los jesuitas que llegaran a fundar la misión de Loreto, dieron accidentalmente con ella[1] y empezaron a surtirse de sal, como también el resto de las misiones jesuíticas conforme se fueron estableciendo. Así permaneció durante muchos años hasta que en 1875 la salina empezó a ser controlada por los hermanos Viosca, residentes de La Paz, quienes construyeron una vía férrea de unos 600 metros por donde una locomotora de vapor movía la sal hasta un pequeño muelle.

El control de este recurso pasó a la Santa Fe Railroad y después a la Pacific Salt Co. Limited de Londres. Esta última mejoró el método de extracción y renovó el equipo ferroviario. Alrededor del año de 1945 la empresa empezó a operar con el nombre de Salinas del Pacífico, S.A. y así obtuvo una concesión por 99 años. Según Andrés Davis, la mayoría de los socios de esta empresa eran españoles, entre ellos recuerda a Cayetano Blanco Vigil, y Alonso de la Florida. Este grupo a su vez era dueño de varias salinas de las cuales se recuerda como Gerente General a Ricardo Sánchez.

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Posteriormente la salinera pasó a formar parte del conglomerado de empresas del grupo Monterrey Celulosa y Derivados, S. A. de C. V. (CYDSA) que explotó la sal de Isla del Carmen hasta 1983.

En 1984 la salinera cerró, pero las ruinas de las edificaciones, dan la idea de lo que fuera el pueblo original de la Isla. Permanece el área donde se construyeron casas habitación para el personal de la salina, escuela, cementerio, canchas deportivas, talleres de trabajo, almacenes, depósitos de combustibles y  un banco, donde en el interior de las ruinas se conservan archivos, máquinas de escribir y una caja fuerte, de la que se dice “se ignora el contenido.”

También se encuentra la capilla de Nuestra Señora del Carmen conservada por las esposas de los dueños de la concesión. Ésta se encuentra en perfecto estado con una bonita imagen de la virgen en el altar.

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Existen también cuatro casas bien cuidadas y confortables, dos que utilizan los dueños actuales de la concesión cuanto van a la Isla y también para hospedar a cazadores, las otras dos son para los guardianes, quienes a su vez se hacen cargo de mantener las casas y la capilla en buenas condiciones.

Una versión dice que la Isla del Carmen fue abandonada después de que se abrieron las Salinas de Guerrero Negro, cuya producción resultó mucho mayor, y especialmente su ubicación en el área del Océano Pacífico representó un gran ahorro en distancia y en costos de transportación para los clientes. Ir hasta la isla del Carmen implicaba rodear desde el Océano Pacífico todo el Estado de Baja California Sur, siendo el principal cliente de la sal mexicana Japón, les resultó más conveniente comprar la sal en Guerrero Negro, donde incluso se volvieron accionistas de la Compañía de sal. En la actualidad Mitsubishi Corp. Cuenta con el 49% de las acciones de la salinera, y el 51 % pertenecen al gobierno Federal.

La realidad es que ante el éxito de Guerrero Negro, Salinas del Pacífico, en Isla del Carmen, simplemente dejó de operar.

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[1] Se dice que en 1698 uno de los barcos de la misión se descompuso y tuvo que atracar cerca de Bahía Salinas, y fue así como la encontraron los jesuitas que a partir de entonces empezaron a recoger la sal necesaria para el uso de las misiones.

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