Tierra Perfumada

Por José Martín Olmas Ceseña

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La Misión de San José del Cabo(1730-1840)

…Sigan bailando en el lodo, hijos míos, que faltan muchos adobes para terminar el almacén, y ustedes apuren el paso de los bueyes y arreglen el camino para poder bajar las carretas con la cantera; nosotros seguiremos atizando los hornos ladrilleros para poder empezar la bóveda…

En 1730, Nicolás Tamaral llegó por mar o por tierra a un lugar de la costa donde existía agua dulce, un oasis o un estero. Buscó un lugar con las condiciones adecuadas, y encontró un cerro con una vista impresionante donde decidió establecer la misión. En 1734, fue martirizado por una rebelión de los indígenas. El edificio fue destruido en cierta medida, y abandonado. La región se convirtió en una visita, es decir los misioneros venían en ocasiones a oficiar misa y continuar con la evangelización. La conquista espiritual terminó en 1840 con el abandono de las misiones sudcalifornianas.

 

Sabemos de buena referencia que el predio donde se estableció la Misión, que actualmente es San José Viejo, perteneció a la familia Ceseña. Por aquellos años de 1840, Don Ramón Ceseña y Talamantes adquirió la propiedad, para formar una familia. De acuerdo a las actas en poder de la parroquia de San José del Cabo, contrajo nupcias con Rosario Castro Ojeda un 25 de julio de 1841, ceremonia oficiada por fray José Santa Cruz.

Las características de esta casa antigua, se pueden comparar con los elementos arquitectónicos propios de los establecimientos misionales de la época y que todavía perduran en aquellos edificios religiosos de Sudcalifornia.

Claustro, al lado derecho del templo, con los servicios de sala capitular, cocina, caballerizas, dormitorios, biblioteca, con una fuente pozo en el centro.

Atrio monumental, al frente del templo, formado por una gran explanada, en el centro existía generalmente una cruz.

Capillas pozas, así llamadas por que ante ellas se paraban las procesiones, eran pequeños pórticos que se construyeron a menudo en los cuatro ángulos del atrio.

Capilla abierta, conocida como “capilla de indios”, situada comúnmente al lado del templo monástico, que forma una construcción independiente o se integra al claustro.

Don Ramón, nació en el año de 1814 y falleció un 16 de octubre de 1901, a la edad de 87 años, acorde a su acta de defunción. Seis generaciones han pasado por este lugar, y seguramente que en estos más de 150 años, muchos misterios quedarán en la historia.

Francisco Ceseña de 77 años y Esther Ceseña de 75 años, hermanos que actualmente habitan allí, nos platican en tono ameno las diversas anécdotas relacionadas con la misión.

Francisco nos dice: La casa de la loma, la casa de Don Ramón Ceseña y Talamantes se edificó sobre los cimientos de la antigua misión, los indígenas se molestaron, sentían envidia, o no querían recibir la enseñanza de los misioneros. Fue como empezó la discordia y un grupo de rebeldes decidió eliminar al misionero, no se sabe dónde lo mataron, pero se cree que aquí mismo. Los mismos indios destruyeron la iglesia.

El padre jesuita Miguel Venegas en su libro Noticias de la California y su conquista temporal y espiritual publicado en Madrid en 1757 describe…

“El padre Carranco había enviado una escolta de neófitos a San José para que se llevaran a Santiago al padre Tamaral, éste rehusó, y a su regreso, los emisarios se aliaron con los conjurados… arribaron a la misión el 1 de octubre de 1734, y sabiendo que el padre Carranco estaba solo porque los dos soldados habían ido al campo a traer dos reses para el sacrificio, entraron en su cuarto, lo sacaron a jalones y lo asesinaron a flechazos y pedradas, así como al muchacho que le servía; cuando llegaron los soldados que habían ido por las reses los mataron en igual forma; hicieron una pira con muelles y objetos del culto que sacaron de la iglesia y arrojaron al fuego los cuatro cadáveres. De aquí se fueron los rebeldes a la Misión de San José, a donde llegaron el 3 de octubre y mataron al padre Tamaral en forma semejante a lo hecho en Santiago con el padre Carranco”.

Los hermanos Francisco y Esther comentan que sus ancestros les platicaban que habían sacado parte de una campana de oro, pero que no se volvió a saber de esta pieza; creen que se le obsequió a un doctor de aquellos tiempos.

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“Me tocó ver la cimentación de la misión de aproximadamente 20 por 30 metros, y algunos otros restos de pared por los costados, aunado a que mi abuelo Aarón nos platicaba que seguramente su Padre Don Ramón aprovechó esa cimentación para edificar la casa. Fue en el 2002 cuando la casa cambió a un techo de concreto, las paredes siguen siendo las mismas y están hechas de adobes, comentó Francisco.”

Ignacio Tirsh, sacerdote jesuita natural de Bohemia, llegó a California en 1761 para incorporarse a los trabajos de evangelización en el noroeste de la Nueva España. Él se interesó por la historia y la realidad en que vivían los antiguos californios, dibujaba lo que veía en sus constantes paseos; pues el jesuita era un aficionado a lo que hoy se conoce como historia natural. Sus dibujos, coinciden con los tipos de edificaciones como la casa de la loma, y es éste un elemento más a considerar en la opinión de que verdaderamente en este lugar se edificó la original Misión de San José.

Por otro lado, en 1769 una expedición para ver el paso del planeta Venus se instaló en un granero ubicado en las ruinas de la misión, por su ubicación es uno de los lugares más altos de la región.

El deseo de la fantasía colectiva y mitológica, así como la literatura que era popular en ese entonces, fue en buena parte responsable de la colonización de tierras y puertos en estos parajes. Ellos después dieron luz a otra leyenda: que esta tierra era de carácter indómito, tierra salvaje y agreste que no podía ser conquistada. La tierra perfumada, la tierra de grandes misterios, es un lugar tan maravilloso, tan enigmático que inclusive su origen nació de una poesía… Tierra de misiones, de misterios y de perfumes.

 

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