La danza, un estilo de vida

Rosa María Salgado

Bailar es sentir –en cuerpo, alma y mente– el cúmulo de sensaciones que solo se puede experimentar al deslizar los pies sobre la duela y mover el cuerpo, siguiendo un compás: girar, girar, girar y, al llegar el momento sublime, elevarte en un instante, iluminado de magia, volar libre…

El baile es un estilo de vida que se reflejará por siempre en uno mismo, enriquece el espíritu de manera suave, enseña disciplina y trabajo en equipo. Otro beneficio de la danza es la búsqueda de una vida saludable, pues requiere de una alimentación balanceada. Ello permite poseer una calidad de vida excelente.

La energía requerida en una clase de danza eleva altamente el gasto calórico, puede variar dependiendo del tipo de danza y la intensidad con que la realices. De esa manera se pierde peso a buen ritmo, en un ambiente que disfrutas, logrando el alargamiento y fortalecimiento de todos los músculos del cuerpo. Además, te deja una figura estilizada que beneficia como se percibe uno mismo, da bienestar emocional.

Cuando se trata de bailar, ni el sexo, ni edad es una objeción. La tenacidad de practicar una clase diaria trae como recompensa interpretar coreografías, el placer de sentir la música, meditar y comunicar emociones. Con las rutinas de ejercicios es posible favorecer el tono muscular, flexibilidad, plasticidad y dominio articular, al mismo tiempo se refuerza la memoria, la coordinación y el dominio visual entre otros.

Para aquellos apasionados de la danza, aún fuera del plano profesional, la danza fomenta en primer orden, la disciplina física y mental, así como el respeto y la armonía con los demás. Alienta la sensibilidad, que es fundamental para permitir la fluidez de sentimientos, superar la timidez y, por ende, lograr una plena socialización.

Los beneficios que se obtienen al bailar son múltiples, tales como corregir la postura del cuerpo, dominar el equilibrio, acrecentar la psicomotricidad, mejorar los reflejos, afinar el oído y la expresión corporal. Participar en una clase de danza es un placer que no termina. Es una manera sutil de relajar cuerpo y mente, liberar estrés y ansiedad, lo que conlleva a obtener paz y confianza en uno mismo.

Es la danza…

Elegante y etérea geometría

Como el leve susurro de un suspiro

Invadiendo el espacio en que la miro

Es la danza, verdad… y es fantasía.

Al espíritu imprime su alegría

Esa gracia sutil… que tanto admiro

Su ritmo… cual insólito respiro

Es donaire fugaz… y es poesía.

Es alada visión cual grácil viento

Es del ave la voz dulce y sonora

Y es la imagen perpetua de un momento.

Es chispazo de luz de eterna aurora

Es la fuerza que anima un sentimiento

Y es del arte inmortal… fuente creadora.

Néstor Agúndez Martínez

Todos Santos, BCS

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