Cabalgamos por caminos de arena y rocas, hacia el oeste, por la bajada de un arroyo entre las montañas. El único sonido eran los pájaros cantando, el galope y relincho de los caballos. Nos acompañaban por todo el recorrido árboles que crecían entre las piedras de manera horizontal o vertical, con una libertad propia de la misma naturaleza.
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