Un Paseo en El Cañón de San Carlos

Un Relato del Escritorio de Laura G. Bueno

En la sociedad actual, el hombre ya no vive de los sonidos del silencio. Está inmerso en el estridente murmullo provocado por los vehículos, el bullicio incesante de la población en negocios, la radio del automóvil, la telefonía celular y todo aquello que interrumpe los pensamientos constantemente.

La gente tiene una necesidad irresistible de contestar los teléfonos celulares aun cuando está conduciendo, poniendo en riesgo su vida y las de los demás. Contestar mensajes, con un frenético movimiento de dedos hace que la humanidad digital esté en constante y exagerada comunicación. La telefonía invade todo espacio sensorial, tal como lo hace el humo del cigarro.

Esto expresa el vértigo de la vida moderna. Ya difícilmente podrás concentrarte en leer este artículo. Quizá tu celular suene algunas veces antes de que puedas terminar.

Es necesario huir de ese ambiente, que acerca más a los distantes y nos hace perder el contacto con los más cercanos. Necesitamos hablar con nosotros mismos y permitirnos sentir, en lugar de actuar con la costumbre, que nos vuelve autómatas.

Ideal para pensar es retirarnos a lugares en los que aún escuchamos el silencio, a la naturaleza y a nuestra propia conciencia. El llamado ecoturismo es una oportunidad para salir de la rutina del ruido. El turismo ecológico es una actividad que se realiza al aire libre, en áreas naturales que no hayan sufrido modificaciones por la mano del hombre, respetando el medio ambiente y conservándolo en su estado original.

Para estas actividades, la Península de Baja California es especial, tiene lugares paradisíacos para alejarse del mundo, cuando menos por un momento, disfrutar de la fauna y de la flora de la región. Aquí podremos cerrar nuestros ojos por unos segundos, sentir el viento, escuchar el canto de las aves, oír el golpeteo de las olas y oler la salinidad del mar.

Es aquí, en esta región del Sur de la Península, en donde se encuentra el Cañón de San Carlos, al cual podrás llegar tomando la Carretera Transpeninsular de San José del Cabo – Cabo San Lucas.

Fue ahí en donde en el kilómetro 19.5 dejé la comodidad de mi automóvil para cambiarlo por el más antiguo medio de transporte, una yegua española llamada “Granada” propiedad de la Cuadra San Francisco de la familia Barrena. De ahí partimos varios jinetes hacia el Cañón de San Carlos montados en caballos de excelente escuela en donde Valente Barrena y su padre, el señor Francisco, ambos con gran conocimiento de esta disciplina, nos facilitaron los caballos y nos acompañaron en la travesía. Muy agradecida estoy con ellos por habernos llevado a este rincón.

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Cabalgamos por caminos de arena y rocas, hacia el oeste, por la bajada de un arroyo entre las montañas. El único sonido eran los pájaros cantando, el galope y relincho de los caballos. Nos acompañaban por todo el recorrido árboles que crecían entre las piedras de manera horizontal o vertical, con una libertad propia de la misma naturaleza.

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Al iniciar la cabalgata, nos sentíamos grandes, como unos gigantes, montados en aquellos bellos equinos. Pero al ir avanzando, nos invadía la sensación de pequeñez, al pasar por las imponentes rocas, que nos marcaban el recorrido de laberintos hasta el Cañón. Pensar que antes ese camino que transitábamos estuvo cubierto por las aguas, bajo el fondo del mar.

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Levantamos polvo, como en las películas de vaqueros  y avanzamos una hora hasta llegar a ese sitio mágico, el Cañón de San Carlos. Queríamos seguir avanzando, solo que el camino puso fin a nuestra cabalgata, la formación y la  altura de sus piedras cerraban la que podría ser una cueva. Me recordó el cuento de Alibabá y los Cuarenta Ladrones en Las Mil y Una Noches. ¡Ábrete Sésamo!

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En tiempos de lluvia, el agua que baja de la montaña corre formando una cascada y descendiendo a un arroyo que lleva hacia el mar. Es un sitio de incomparable belleza, con la compañía de los jinetes y los caballos el paseo fue magnífico.
Ven a Los Cabos a vivir estas experiencias y aléjate por momento de tu vertiginosa vida. Te esperamos para recorrer el Cañón de San Carlos, sólo necesitas un espíritu aventurero.

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