Evolución de la Arquitectura Residencial en Los Cabos

Joaquín Précoma Valle

La situación geográfica de Baja California Sur provocó una evolución pausada, y diferente al resto del país durante la primera mitad del siglo XX y hasta la década de los 70. Con una fundación misional jesuita, San José del Cabo se desarrolló con una traza urbana en la que se erigieron escasas construcciones de notable influencia española de un solo nivel, con anchos muros de adobe, ventanas verticales con sencillos marcos de estuco protegidas por retículas de herrería y algunos remates en forma de pecho de paloma, que hacen referencia a un estilo románico predecesor del gran barroco mexicano. Fuera del plano central, la población conformada principalmente por pescadores, dormía en sencillas construcciones de madera con cubiertas de palma que se distribuían en aisladas comunidades o rancherías a lo largo de la costa.

Con la conversión del pequeño puerto pesquero a un destino turístico, no solo se generó interés por la construcción y apertura de exclusivos hoteles para el público internacional, sino en la generación de comunidades residenciales. En septiembre de 1975 se colocó la primera piedra del desarrollo pionero de bienes raíces en Los Cabos; inspirado en el horizonte europeo. Don Manuel Díaz Rivera (QEPD) encontró un lugar alejado de la ajetreada Ciudad de México para establecerse con su familia para generar un desarrollo donde nacionales y extranjeros pudieran adquirir una residencia.

Fue así, como el Pedregal de Cabo San Lucas detonó un creciente mercado inmobiliario. En un principio atrajo amigos del fundador y convenció rápidamente al público extranjero para construir en nuestro destino un segundo hogar, con un paisaje virgen que distaba mucho del moderno Acapulco o del pintoresco centro de Puerto Vallarta.

Las primeras residencias en Los Cabos tuvieron una notada influencia mediterránea. Ello cambiaría el paisaje construido hasta entonces, el cuál se conservaba de la fundación misional. La arquitectura se caracterizaba por macizos muros blancos con ventanales en forma de arcos de medio punto, abiertos a pequeños balcones con herrería forjada, pisos de barro cubiertos por losas inclinadas y tejas sostenidas por viguería de madera. Los conocimientos de arquitectos y mano de obra nacional llegaban a borbotones en el ferri de Puerto Vallarta a la recién drenada Marina de Cabo San Lucas.

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Con el desarrollo del Centro Integralmente Planeado de Fonatur y el creciente interés por el destino, emergen nuevos desarrollos habitacionales que ofrecen interesantes posibilidades para la construcción e inversión en Los Cabos. El desarrollo se pinta de colores térreos con detalles de piedra que combinan con el estilo de vida exclusivo y elegante, haciendo alusión al estilo Santa Fe del sur de Estados Unidos. Se incorporan elementos arquitectónicos de las haciendas mexicanas del siglo XVI como los andadores arcados, columnas de cantera y patios centrales. Mimetizados con un paisaje que une el desierto con el mar entre verdes campos de golf que se vuelven un ícono para atraer turistas al destino que adquiere paulatinamente una imagen propia.

Para la década de los 90, con la construcción de Cabo Real, Palmilla y Cabo del Sol, la oferta inmobiliaria crece con posibilidades justo a la medida de sofisticados gustos de la población extranjera y nacional, posicionando el destino como el más exclusivo para la adquisición de una vivienda.

A pesar de la crisis financiera que se vivió en Estados Unidos en la década pasada, el mercado inmobiliario en el destino pudo mantenerse, y al día de hoy, es uno de los más prósperos internacionalmente, aumentando al mercado residencial fraccionamientos como Diamante, Puerto Los Cabos, Chileno Bay y Maravilla, que ofrecen inimaginables alternativas que se han adaptado a un público joven y añaden residencias con un estilo vanguardista y contemporáneo.

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