Arte e Historia Misional

Elizabeth Acosta Mendía

MISIÓN DE SAN JOSÉ DE COMONDÚ- (1708-1827)

El sitio de la misión de San José de Comondú está localizado a 50km al oeste de la misión Nuestra Señora de Loreto. Lugar explorado la primera vez por el Almirante Isidro de Atondo y Antillón y el Padre Eusebio Francisco Kino en diciembre de 1684; visitado de nuevo durante el verano de 1708 por los Padres Juan María Salvatierra, Juan de Ugarte y Julián Mayorga. La misión, dotada por Don José de la Peña Castrejón y Salzines, Marqués de Villapuente, fue fundada en aquel año por el Padre Mayorga quien permaneció en ella como padre ministro residente hasta su muerte, en noviembre de 1736.

 

Debido a la escasez de agua, la misión se incorporó a la Vista de San Miguel de Comondú, establecida por el padre Juan de Ugarte en 1714. La iglesia de piedra se construyó en 1750 por el Padre Franz Inama.

A través del estudio de la arquitectura misional, que lleva a cabo magistralmente Salvador Hinojosa, no sólo se recrea esta misión, sino la idea misma de quienes la concibieron y luego la edificaron. El análisis de los elementos arquitectónicos que la componen, ofrece una vía de comprensión racional y emocional del levantamiento físico, planos de localización, plantas, detalles de fachada y partes singulares de la obra en su conjunto. El resultado es una aportación a los estudios iconográficos de la Misión de San José de Comondú.

Un recinto de eterna belleza exterior de piedra tallada y esculpida en cantera rosa, con retablos grabados en polvo de oro, de acuerdo a la moda del arte religioso de su tiempo. Reúne un singular estilo que podríamos llamar renacentista barroco austero. Los sagrarios, altares, capillas, salas interiores y alas exteriores hacen un todo que se integra al entorno natural, mostrando la calidad artística de los misioneros que lo construyeron y de las manos indígenas que participaron. La edificación guarda un profundo mensaje religioso en los símbolos, adornados con suntuosidad y maestría, arte que es parte esencial de la identidad sudcaliforniana.

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Una iglesia tipo basílica, cuya concepción arquitectónica es una gran sala rectangular compuesta por una o más naves, siempre en número impar. Cuenta con tres puertas y cerca de ellas, al lado interior, tres pilas para agua bendita. Está enlosada de piedra labrada, tienen un presbiterio con enrejado de madera y coro de bóveda en el que hay un monocordio viejo y bajón.

Hay en ella tres altares, en el mayor está un colateral dorado con una imagen del Señor San José con el niño Jesús, una diadema y una vara con su flor, ambas de plata. Otra imagen del Señor San Miguel y siete lienzos con varias advocaciones, tiene este altar un ternario simbolizando la trinidad y un atril dorado.

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En el altar, al lado de la capilla, está una imagen de Jesús con San José y San Juan Nepomuceno, una cortina de seda fina con un lienzo grande del padre San Francisco y otro pequeño de San Ignacio. Al lado del Evangelio, está en un nicho la imagen del Señor San Miguel, una cortina vieja de seda y cuatro lienzos con varias advocaciones. Existen también los confesionarios con sillas de vaqueta.

De las paredes penden nueve lienzos con varios pasos de la vida del Señor San José y tres más con diversas pinturas; tiene un cuarto con una hermosa pila bautismal de piedra y en las paredes un lienzo de San Juan Bautista y otro del Señor San José.

Torre formal no posee. En el armazón de palos están colgadas seis campanas, entre medianas y pequeñas. El inventario describe los 126 libros que formaban la biblioteca.

Una sacristía de bóveda hace una descripción de los diversos utensilios, imágenes y vestimenta para los servicios religiosos. Existe también una buena casa habitación para los padres, bóveda y otros cuartos para oficinas cubiertos de jacal.

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En 1827 la misión es abandonada y a principios del siglo siguiente, modificada para ser adaptada a otro uso, quedando únicamente una nave. En los años 1972 y 1973, el Instituto Nacional de Antropología e Historia efectuó obras de restauración, sobre todo en el entortado de la azotea de bóveda de cañón corrido y detalles en los muros de mampostería de piedra.

En el año de 1991, la Secretaría de Desarrollo Urbano realizó pequeñas y muy valiosas obras de restauración en una fisura de gran magnitud que tenía el primer cuerpo de la única nave.

Dentro de la nave actual existen dos pinturas de óleo de forma rectangular, rematadas en la parte superior en medio círculo. Una representa a San José y la otra a Nuestra Señora de Loreto, cabe mencionar que estas obras fueron catalogadas por la doctora Bárbara Meyer de Stinglhamber en su libro ARTE SACRO EN BAJA CALIFORNIA SUR SIGLOS XVII-XIX.

 

Salvador Hinojosa Oliva, Cuaderno histórico del templo misional de Nuestro Señor de San José de Comondú, Gobierno del Estado de Baja California Sur, Instituto Sudcaliforniano de Cultura, Archivo Histórico Pablo L. Martínez, 2009, pp. 37-41.

Bárbara Meyer de Stinglhamber, ARTE SACRO EN BAJA CALIFORNIA SUR, SIGLOS XVII – XIX. OBJETOS DE CULTO Y DOCUMENTOS, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, CONACULTA, Gobierno del Estado de Baja California Sur, 2001.

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La biblioteca de este templo era una de las más vastas de la época. Estaba constituida por 153 volúmenes al momento en que los padres franciscanos se asentaron allí en 1773. Según consta en los inventarios que nos facilitaron el Lic. Sergio Ávila y el Lic. Eligio Moisés Coronado. Mediante el acopio de estas joyas bibliográficas, los jesuitas tuvieron la oportunidad de enriquecerse espiritualmente leyendo un ejemplar de suma teología moral. Cabe decir que hasta el año de 1695 se habían publicado tres volúmenes de esta obra, cuyo autor es el capuchino español Jaime Corella (1657-1699), gran teólogo y predicador.

Según documentos de la época, los ornamentos que se compraron con grandes economías tenían la finalidad de inculcar a los californios el debido respeto y a la vez darle prestigio al culto católico. El retablo fue un medio de expresión, cuya función primordial era servir de elemento didáctico-religioso; en él se plasma una historia que al contemplar se aprendía de ella.

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