“Estaba con dos amigos, salimos a pescar en un barco grande, llevé un kayak conmigo por si había oportunidad de usarlo. Quería tener la sensación del Viejo, solo en el mar abierto… estaba ansioso y emocionado.

El plan era sentarme en el kayak por algunos minutos, mientras mis amigos me observaban desde el barco. De pronto me gritaron que irían a pescar hacia el horizonte y regresarían en un rato.

Allí estaba, completamente solo… pensando en María, en lo que me había dicho. Estaba razonando cuán poco preparado estaba para mi objetivo, lo inadecuado de mi equipo, entre otras cosas. Mientras tanto, un par de delfines pasaron frente a mí, fue una experiencia increíble. Después, una pareja de leones marinos se acercó con sonidos divertidos, estaban curiosos sobre el pedal en forma de aleta de mi kayak.

De repente uno de los leones marinos se tornó en una sombra más gris, más marrón y nadó bajo mi kayak dos veces. Luego se alejó unos 50 metros y nadó de vuelta hacia mí. ¡Entonces pude ver una aleta en la superficie del agua! ¡Me di cuenta de que era un tiburón!

Mientras mi mente se imagina todas las películas de National Geographic y las declaraciones famosas sobre cómo son los animales nocturnos y lo poco común que son sus ataques. Pensé, pueden ser raros, pero está por suceder. Traté de seguir todos los consejos conocidos: mantén la calma, no te muevas, permanece sentado, se alejan si les tocas la nariz o los ojos.

Cuando se acercó un poco más, pude ver que era un tiburón martillo, atraído por la bolsa de cebo que había atado a un lado del kayak y colgaba dentro del agua. ¡Muy estúpido de mi parte!”

Martin consigue distraerlo salpicando el agua, aunque la cola del tiburón casi le hace perder el equilibrio y caer del kayak. Seguía pensando en lo que el tiburón haría, cuando sintió que algo mordió el anzuelo. A 40 metros del kayak. ¡Era un marlín!

“En el libro de Hemingway cuando el pez se acerca al Viejo, le dice: pez muerde mi anzuelo. En mi caso, después de toda la aventura, le decía, no muerdas mi anzuelo. El marlín tragó el cebo y yo no sabía qué hacer. Giré el kayak hacia la dirección en la cual nadaba el pez y dejé la línea suelta. Cuando el marlín la sintió, nadó más y más rápido. En un momento me estaba moviendo a la misma velocidad que el pez.

El capitán del barco, que miraba por sus binoculares, vio algo que nunca había visto antes: un kayak que se movía a toda velocidad en medio del mar. ¡Y él supo que era yo siendo pescado por un marlín!

Todavía estaba recobrando el sentido cuando el capitán y mis amigos comenzaron una gran conmoción… una escuela de sardinas estaba a sólo tres metros bajo el barco y debajo de ellos, cuatro marlines nadando en círculos.”

Pensando en la suerte que tenía, Martin puso una sardina en la línea y nuevamente la echó al agua. De repente, una sombra gigante llegó nadando directamente al bote, era una ballena jorobada. La ballena abrió la boca y se comió toda la escuela de sardinas, incluida la de Martin, que por supuesto cortó la línea.

“Finalmente se rompió la línea y me salvé de cierta forma. Regresé al bote mientras mi cuerpo temblaba, bebí un litro de agua y recordé una frase del Viejo: “Es bueno si tienes suerte, pero es mejor si estás preparado”.

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