El otro México, una Biografía poética de Baja California

Eligio Moisés Coronado

Mucho se ha escrito sobre la península de Baja California. El libro El otro México, de Fernando Jordán es un documento, una crónica, un libro de viajes que comienza el 16 de enero de 1952. El autor recorre “los bastiones de la patria”, realiza “una aventura en las islas”, continúa “en busca del otro México”, camina por “la ruta sobre el desierto”, atraviesa el paralelo 28 que divide a la península en dos Estados, experimenta “una aventura en el canal”, incursiona “en el país de los oasis” y concluye en “la tierra del futuro”.

En la introducción de esta obra que insistimos en llamar “una biografía poética de Baja California”, Jordán afirma sin pudor alguno: …se originó en el desconcierto. En el desconcierto y en el amor. Innecesaria reiteración de algo que será constante en su libro y en todo lo que escriba acerca de la California mexicana.

“De la realidad bajacaliforniana, hasta entonces, había escrito precisamente lo obvio, lo superficial, lo sensacional y lo que creí oportuno. Se me había escapado lo más importante: lo que tenía sentido, lo que llevaba implícito un mensaje y un signo.”

Afortunadamente encuentra el camino y expresa: “…hubo que volver atrás. Regresar nuevamente a los caminos, al desierto, a los hombres. ¡Más atrás aún! A la historia, a los hechos que fueron la clave de los hechos que son.” y en virtud de este descubrimiento es como se inicia la gestación de la obra: “…en una revisión regresiva…, tratando de aclarar el significado de una intempestiva y sincera respuesta”.

“Si he tenido o no razón -admite el escritor- de llamar a este libro El otro México, no es asunto que yo deba dilucidar. Sin embargo, quisiera afirmar que el nombre de esta biografía de Baja California no me llevó al libro, sino que el libro me confirmó el nombre que lleva. Mi preocupación personal fue la de mantenerme objetivo en el tratamiento histórico y en el dibujo geográfico. No creo haber violado ninguno de los preceptos del historiador, del geógrafo o del biógrafo.”

Efectivamente, en la página 72 de un total de 268 que comprende la obra, termina la historia y se aclara: “En los próximos capítulos el lector descansará de fechas y citas, y no encontrará más relatos de héroes ni de gestas. Lo que seguirá después, será lo que vi, no lo que aprendí de otros libros; lo que se me quedó metido en el fondo de los sentidos y no lo que llevo en la memoria.”

Es precisamente ahí, donde tal vez empieza la historia: la historia de una parte de México con fisonomía propia, a la cual no se debe enmarcar dentro de los acontecimientos generales del devenir nacional, so pena de no llegar a entender hechos y causas que definitivamente no se ajusten al contexto injustamente totalizado de lo que se conoce como historia de México. Y Jordán termina la introducción de su obra, diciendo:

“Me han dicho que este es un libro apasionado. ¡Enhorabuena! No importa que sea ése el menor de sus defectos. Si eso es verdad, para mí representa un motivo de orgullo. Sentiría vergüenza de haber escrito acerca de un trozo lejano de mi patria sin calor, sin emoción, sin amor.”

Hay ciertamente calor cuando, recordando la frase que durante el gobierno de Roosevelt se pronunció en el senado norteamericano: “Baja California es solamente un lujo para México; pero para nosotros [Estados Unidos] es una necesidad”, advierte: “¿Palabras necias? ¡Quién sabe! Los vecinos parecen haberlas olvidado. ¡Mejor sería que nosotros las tuviéramos en cuenta para el presente y para el futuro!

¿No hay acaso emoción cuando, al describir el golfo de California asegura que “se formó con el exclusivo propósito de ser el más original de los golfos de los siete mares?” Y hay también amor cuando invita: “Detengámonos, pues, en el paralelo 28, y volvamos los ojos atrás. Dejemos la huella estrecha del camino y viajemos un poco desordenadamente, recorriendo a vuelo de pájaro la desolada ternura del desierto”.

Jordán es indudablemente sincero cuando confiesa “mi profundo afecto hacia todo lo bajacaliforniano”. Es extraordinario poeta cuando, al referirse a los gambusinos, descubre que “se vive entre la tierra, confundido con el polvo que, a zarpazos, levanta la propia ambición”. Cuánta sensibilidad hay en el escritor, en el poeta, en el hombre, en aquellos momentos de expectación, cuando la naturaleza le descubre sus prodigios, como si penetrara a un universo excepcional.

Preocupado por el panorama económico de la península se lamenta al recordar cómo se está: “mutilando paulatinamente las ventajas de la zona libre”, después de su establecimiento en 1939 y cuyo régimen fiscal considera un factor que reafirmó la prosperidad peninsular.

Concluye la obra diciendo: “Por eso, cuando, desde la plataforma arenosa del faro de Cabo Falso he visto su luminoso parpadeo perderse en la infinita superficie del mar, he pensado que sus haces de luz no son una señal de alerta, sino de acogida; no de temor, sino de esperanza. Creo que son como un signo que se enciende por las noches para avisar a todos los puntos de la rosa de los vientos que, a todo lo largo de un cuerpo de desierto, hay un otro México de bellezas, de promesas y de futuro. Un otro México que cuida un flanco de la nación y se ofrece a ella con un abrazo filial, cálido y generoso”.

La obra a la que aquí se hace referencia es: Fernando Jordán, El otro México, biografía de la Baja California, México, Biografías Gandesa, 1951. De la que se han hecho varias reediciones.

Fernando Jordán Juárez nació en la Ciudad de México en abril de 1920 y murió, por voluntad personal, en La Paz, capital de Baja California Sur, en mayo de 1956. Iniciado en la Ingeniería, antropólogo con especialización en Etnología, periodista, escritor y finalmente poeta.

El diario Novedades publica sus primicias de escritor acucioso; en Mañana, a invitación de Don Regino Hernández Llergo, edita una serie de reportajes acerca de una expedición a las islas Revillagigedo. A poco tiempo de fundarse la revista Impacto, inició en Mexicali un recorrido por toda la península, de donde nació la colección de reportajes que hubo de titular “La tierra incógnita” y que dieron origen al libro que se comenta.

Es autor, además, del poema Calafia, que fue composición triunfadora en los juegos florales de 1955, elaborada veinticuatro horas antes de realizarse el certamen. Jordán es, como afirma Enrique Peña Moyrón, uno de sus más autorizados biógrafos, “el más insigne literato de la época actual que haya cantado las glorias y las bellezas de la península de Baja California”.

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