La Torre

Aníbal Amador Castro

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Los inicios de la Radiotelegrafía en San José del Cabo

Era el amanecer de un nuevo siglo, y en la aislada península de Baja California una pequeña villa brotaba de un verde palmar, la comunidad de San José del Cabo con no más de 1397 almas se perfilaba como una de las potencias económicas del territorio sur, gracias a que en el año de 1888 el gobierno mexicano dirigido por Porfirio Diaz Mori decretó la apertura del puerto de San José del Cabo al comercio de altura.

El intercambio mercantil que se desarrolló entre los puertos del Estado de California en Estados Unidos, los principales puertos del Pacífico mexicano e incluso de Guatemala, convirtieron a este pequeño pueblo en un centro mercante de destacada importancia.

Durante aquellos años los descubrimientos científicos y las tecnologías avanzadas en las principales ciudades del mundo maravillaban a la humanidad, y las noticias relativas a la radiotelegrafía iniciadas en Europa por Guillermo Marconi, captaron el interés de Don Porfirio Díaz, quien no dudó en los beneficios que la telegrafía sin cables pudiera traer a la nación, por esto, en el año de 1903 a través de la Dirección General de Telégrafos de México se instaló de manera experimental las primeras estaciones radioeléctricas en Puerto Haro, Sonora y Santa Rosalía, Baja California Sur.

Las emisiones tenían una potencia de ½ kw en el primario del transformador que alimentaba el arco de transmisión.

El periodo de prueba de esta tecnología duró hasta el año de 1905, y  después de realizadas las modificaciones correctivas al sistema, en 1907 instalaron en San José del Cabo y en Cerritos, Sinaloa las primeras estaciones con sistema Telefunken (tecnología Alemana), mientras que para 1909 el territorio de Quintana Roo contaba ya con dos estaciones, una en Payo Obispo (Chetumal a partir de 1937), y otra en Xcalak, una pequeña comunidad caribeña que destacó en la década de 1900 por la producción de coco que alcanzó hasta 300 toneladas mensuales.

Gracias a esta estación las comunicaciones entre San José del Cabo y distintos puntos de la geografía de México florecían de manera provechosa, hasta la noche del 16 de septiembre de 1918, cuando un poderoso huracán azotó a la comunidad, dejando a su paso muerte y severos daños a la agricultura, comercio y la infraestructura del pueblo, la estación inalámbrica no fue la excepción.

Aquel pueblo sudcaliforniano se levantó fuerte y unido para seguir floreciendo, pero ya sin aquella torre que dominó el paisaje entre el desierto, el mar y un oasis.

Actualmente descansa en una loma reseca frente al panteón municipal, quedan como vestigio de aquella gloriosa época unas bases de ladrillo forradas de cemento que ahora son las asoleadoras favoritas de los cachorones que habitan el lugar, más abajo, entre ejemplares de lomboy se encuentran los cimientos de lo que al parecer fue el centro de operaciones.

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