Andrea Ehrenberg

COMUNIDAD &LEGADO

“Su formación fue internacional, pero su raíz siempre estuvo en Los Cabos.”

Mis padres son originarios de Alemania. Mi papá arribó a México alrededor de los cuatro años; esto hizo que se volviera más mexicano que alemán. Por otro lado, mi mamá es alemana al cien por ciento. Crecí en un hogar multicultural, lo cual enriqueció tanto mi vida personal como profesional.

En casa se hablaban simultáneamente tres idiomas: alemán, español e inglés. A pesar de conservar nuestras raíces alemanas, mi mamá siempre tuvo el deseo de que adquiriéramos la cultura mexicana. Por esta razón, aunque ellos eran protestantes, decidieron que fuéramos católicos para poder ingresar a escuelas privadas, que en esa época eran mayormente religiosas.

Durante mi infancia, el uso del inglés fue constante, aunque mi primer idioma fue el alemán. Posteriormente aprendí inglés y, finalmente, el español, ya que mis padres, curiosamente, se comunicaban entre sí en inglés. Además, mi abuela materna, originaria de Alemania del Este, vivió con nosotros hasta su fallecimiento, lo que aportó aún más riqueza cultural a nuestro entorno familiar.

Soy hija del segundo matrimonio de mis padres. Mi papá tuvo cuatro hijos en su primer matrimonio y mi mamá, dos. Yo soy la única hija en común, la “nuestra”, en esta familia compuesta por “los tuyos, los míos y los nuestros”, sumando así seis hermanos mayores y yo.

Vocación y formación profesional en hotelería Desde siempre sentí afinidad por el servicio, lo que me llevó a considerar la hospitalidad como mi vocación. Cuando tomé la decisión de estudiar esta carrera, coincidió con la apertura de El Squid Roe. Mi papá me sugirió trabajar ahí antes de irme a estudiar a Suiza para asegurarme de que realmente me gustara el ambiente. A mis 18 años trabajé durante seis meses y confirmé mi interés por el sector, aunque mi segunda opción profesional era la arqueología, que también me fascinaba.

La recomendación de un amigo, cuyo padre era hotelero, me llevó a elegir la escuela Le Roches en Suiza para mis primeros tres años de estudios. Posteriormente, mi gusto por la cocina me motivó a estudiar en Le Cordon Blue. Después de transferir mis créditos a Cornell, obtuve la licenciatura. Durante esta etapa, conté con la guía de un mentor excepcional, Rupert, también alemán, con quien tuve una gran afinidad.

Primeros años en Los Cabos y desarrollo profesional La primera visita de mi papá a Los Cabos fue en los años sesenta, gracias a un amigo originario de San José. La segunda vez vino acompañado de mi mamá embarazada de mí. Mi hermano mayor, Pedro, se mudó a La Paz y se casó con una paceña, lo que fortaleció los lazos familiares con la región.

La afición de mi papá por la pesca deportiva impulsó el inicio de Pisces Yatchs en La Paz con mi hermano Pedro; participaron también mi sobrina Karina y mi prima Adriana. Posteriormente en Cabo San Lucas, mi hermano Marco y su esposa Tracy, se encargaron de la flota en 1984, justo cuando Fonatur comenzaba el desarrollo de la zona. Mis padres decidieron construir su casa y mudarse a Los Cabos en 1986, siendo la segunda casa en Fonatur. En ese entonces, no existía ni el campo de golf.

Los Cabos era aún un pueblo poco conocido, al que solíamos referirnos simplemente como “Baja”. Crecí visitando Los Cabos en vacaciones, Navidad y puentes, y fui testigo de la evolución del destino desde sus inicios.

Experiencia profesional y la Asociación del Centro Histórico Al concluir mis estudios, regresé a Los Cabos para realizar mis prácticas en el hotel One&Only Palmilla. Posteriormente, me asocié en un restaurante mexicano en Cabo San Lucas, administrándolo por algunos años. Luego, trabajé en la flota como administradora al lado de Tracy, mi cuñada, durante tres o cuatro años.

Al embarazarme, me mudé a San José del Cabo, lo que implicó adaptarse a una nueva etapa familiar, especialmente con niños. Mis padres tenían la tienda Necri, fundada por mi mamá en 1988 en Cabo San Lucas. Cuando nació mi hijo Cristian y mi papá enfermó, asumí la administración de Necri, labor que desempeñé por años. La tienda cerró tras el huracán Lidia.

Fue a raíz de la remodelación que participé en la Asociación del Centro Histórico de San José del Cabo, especialmente durante la primera remodelación. Un día, llegamos y no pudimos acceder a nuestros negocios, lo que nos llevó a organizarnos y acercarnos al municipio.

Garibaldo Romero (QEPD), nos recomendó la formación de una asociación para tener mayor fuerza ante las autoridades municipales. Funcionó bien durante los tres años de gobierno, con participación de comerciantes como Gabriel Corral y Nathalie Buchler.

Posteriormente, se decidió hacer un anuncio en la revista Visit Los Cabos, y Amauri Santiago sugirió formalizarlo como asociación para compartir la publicidad. En ese momento, Jacobo Turquie tenía el restaurante La Panga, junto con Enrique Silva y Fernando Hernández en el restaurante Tequila. Ellos ya habían formalizado la asociación y trabajado durante años. Enrique Silva quedó como presidente y yo como vicepresidenta.

Y luego nos juntamos con el Distrito del Arte, las galerías tenían su asociación. Fue que decidimos hacer eventos y luego en ese inter cerré la tienda de Cabo San Lucas y ya me pasé al área del Distrito del Arte.

Me encanta recordar estos nombres de gente que todavía está en Los Cabos y que ha hecho tanto por el destino. No solamente tuvimos la primera remodelación que sí afectó porque estuvimos cerrados siete meses. Luego, el problema de los paracaidistas, que tuvimos las tiendas de campaña en el centro.

Fueron como dos años con temas sociales. Nuestro objetivo era, atraer al turista. Sí promocionar, me acuerdo de que hicimos una noche de casino para atraer gente al centro, y recaudar fondos para seguir haciendo eventos. También parte de nuestra labor era ir con todos los concierges e informarles que todos los días de la semana estaba operando el Centro Histórico, no solo los jueves. Tratamos de hacer más eventos para atraer a la gente de los hoteles y también de los hoteles que están aquí en la zona, no era fácil.

Nos dimos a la tarea de difundir la historia de San José del Cabo, me acuerdo de que se hizo un reportaje con tres reporteros españoles, les hicimos un recorrido para explicarles la misión y el estero. El estero era la vida de San José del Cabo. Y pues mucho de la historia de esta misión, que mucha gente no sabe que es la tercera misión en San José. La primera era la de Añuiti, que estaba al lado del hotel Presidente. Se la llevó un huracán, luego la pusieron en Santa Rosa, de Santa Rosa la pasaron a su ubicación en el centro histórico. Me acuerdo cuando nosotros veníamos íbamos a pasar en unos barquitos de pedales en el Estero, la fauna y flora siempre ha sido muy abundante.

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