Tierra Perfumada

Dr. José Martín Olmos Ceseña

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Etnógrafo turístico en el oasis de rocas

John, salió un día del sur de California, en su casa rodante, lo acompañaba su esposa y dos de sus hijos, iniciaron este recorrido cruzando la frontera por Tijuana, y tomado la llamada carretera escénica que conduce a la bella Ensenada, una ciudad de gran flujo turístico, sobre todo los días de fin de semana; de allí se dirigieron a un poblado llamado El Rosario de Abajo para disfrutar de un buen desayuno o comida.

Como buen etnógrafo inició su odisea por este oasis de rocas, mismo que ha sido una seducción para muchos visitantes, desde aquellos primeros que por tierra, mar o aire lo han visitado.

“El turismo etnográfico es una actividad cuyo principio es conectar dos culturas diferentes, visitante y anfitrión, por lo que está profundamente vinculada a las tradiciones, costumbres y cultura particulares de los pueblos”. 

Desde su paso por Ensenada y El Rosario de Abajo, John y su familia buscaron vivir experiencias culturales desconocidas, aprender la forma en que el poblador local piensa, siente, y actúa. Una especie de práctica antropológica, sin ser antropólogo profesional; observando diferentes costumbres y tradiciones.

A lo largo de esa historia de viajes, tal vez sin saberlo, el viajero ha actuado como un etnógrafo en los destinos a los que ha llegado, entendiendo, interpretando y retratando estas formas de vida diferentes, valiéndose de memorias escritas e imágenes fotográficas, incluso material fílmico, que luego será transmitido por diferentes medios; testimonios que finalmente se reproducen y circulan.

De El Rosario de Abajo salieron directo al desierto, por costas, paisajes marinos, montañas, y por su puesto antes de arribar a Guerrero Negro, población que divide la península de Baja California, pasaron por el gran Vizcaíno, recorrieron sus costas y laguna donde cada año llegan la ballena gris y miles de aves migratorias. En sus planicies crecen cardones gigantescos, alberga también las pinturas rupestres en la Sierra San Francisco, testimonios culturales del pasado que han sobrevivido hasta nuestros días.

John, al cruzar la península en plena aventura, fue tierra adentro para entregarnos el conocimiento de las montañas de esta región, y esa posibilidad de apreciar en las zonas rocosas, expuestas al sol y al viento, hendiduras de oscuridad, ocres quemados, un verdadero oasis de roca.

La masa volcánica continental con extensiones, rincones íntimos, elevación entre mares que hace de este calcinado límite un paisaje como ningún otro. Al cruzar esta zona encuentras el bello San Ignacio para interaccionar con la población de un estilo sudcaliforniano inimaginable, expresado en su folklor teñido de paz y tranquilidad.

Un poco más al sur, se ubican la Sierra de la Giganta y Guadalupe que son un retrato casi literario y visual porque nos permiten observar los misterios del pasado reciente, la vida de los cochimíes, antiguos pobladores de la zona, y por supuesto de la vida misional y su influencia en la vida del ranchero del siglo XXI.

John y familia llegaron una mañana, a otro oasis maravilloso que es Mulegé, cuya población al igual que San Ignacio, tienen la fortuna de compartir el rio que colinda con ambas comunidades hasta llegar a las aguas del Golfo de California.

Salieron de Mulegé hacia el sur, y se encontraron con otro encantador paisaje de la zona: Bahía Concepción, lugar de mar tranquilo con colores y diversidad de formas. Los islotes parece que navegan sobre las aguas de la bahía.

Y por fin, el último lugar de este majestuoso recorrido, Santiago y sus rancherías.  Lugar en el que durante 1724 se estableció la misión de Santiago y abandonada en 1795, luego de que en 1734 una rebelión de indígenas matara al párroco de la misión. El edificio actual fue construido en 1952 y representa ese pasado histórico.

“Hay una propiedad cercana a Rancho Agua Azul que se llama la misión, donde nos contaban nuestros antepasados que allí estuvo una iglesia, y suponemos que era la misión vieja” Doña Teresa.

Esta población como muchas otras seguramente, les antecede un pasado que pudo ser mejor o peor, todo depende del plano que se aprecie. En la actualidad podemos señalar que es una zona agrícola y ganadera de relevancia en el municipio de Los Cabos, y este se encuentra a unos 45km del San José del Cabo.

Las rancherías de importancia turística son: Agua Caliente, El Chorro, San Dionisio, Rancho Sol de Mayo y Santa Rita. Es una zona pintoresca donde se convive con una población amigable y el valioso sentido de hospitalidad del ranchero sudcaliforniano.

John y su familia, al igual que cientos de viajeros a lo largo de estos últimos 70 años, han cruzado esta tierra perfumada y han encontrado espacios para alimentar el alma, plasmar sus experiencias en textos, fotografías y pinturas.

“Cuando emprendas tu viaje, interactúa con todo aquel patrimonio creado por los antepasados y conservado hasta el presente a través de sus generaciones, desde espacios utilizados con fines diversos, edificios arquitectónicos con bienes, objetos y muebles relacionados con la vida cotidiana. Además de sus costumbres, trabajo, oficios, así como sus normas de convivencia social, valores, modos de hacer y actuar, prácticas de vestirse y alimentarse. También los conocimientos y experiencias relacionadas con la naturaleza, el hombre y el universo, las tradiciones y expresiones orales, las prácticas religiosas, usos rituales, hechos simbólicos, fiestas, música, danzas, artesanías. Todas adquiridas a través de la oralidad y conservadas naturalmente solo por sus portadores… si experimentas con todo esto, seguramente será un alimento para toda tu existencia.” (John)

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