Salvador Abascal y Guadalupe Carranza Boda en el Destierro

Jose Soto Molina

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Aquella mañana del 17 de marzo ocurrió una celebración eclesiástica inusual. Los niños paceños vieron el arribo de la guapa jovencita Guadalupe Carranza, “la princesa de Tlalneplantla” como la bautizó su hijo Juan Bosco y el legendario dirigente de la Unión Nacional Sinarquista, Salvador Abascal Infante. 

Ella de escasos 18 años. Él de 33 años. Abascal la había conocido en Los Ángeles, California, cuando Lupita tenía apenas 16 años. Impresionado de su belleza, a su regreso le envió cuatro postales desde México. Fue suficiente para establecer un vínculo de noviazgo que duraría dos años, en parte por la difícil situación económica del líder, quien recibía apoyo de la UNS para el sostenimiento de su casa paterna.
Las amonestaciones prenupciales corrían para el 19 de marzo de 1942, tres meses después de emprender la colonización sinarquista en María Auxiliadora. La familia Carranza de origen michoacano arribó a La Paz dos días antes y a la falta de párrocos, que se encontraban en San José del Cabo y San José de Comondú, accedieron a recibir los votos matrimoniales del padre Gabriel Acosta. Instalados en el hotel Perla, los padres de Lupita Carranza la condujeron hasta el altar bellamente ataviada.

 

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Salvador Abascal lucía impecable con un traje obsequiado por los suegros. En la iglesia estaba el ingeniero Rafael Dévéze y esposa, únicos testigos junto a los pequeñines del puerto de la boda. Al término de la ceremonia Abascal se dirigió a una entrevista con el gobernador Gral. Francisco J. Mújica. La familia Carranza se encaminó al hotel. “Yo hubiera querido irme así vestida a dar un paseo al malecón. Nunca había visto el mar y pensé que sería delicioso pasear del brazo de mi esposo”, recordaría años después Lupita Abascal.

Al día siguiente los Abascal visitaron la parroquia y salieron hacia María Auxiliadora al filo del mediodía. La luna de miel transcurrió en medio de la desolación. El paisaje árido y las alimañas, aunado a las constantes hambrunas, no impidieron que Lupita alumbrara al primogénito Juan Bosco. Hacia 1944 el conflicto de su marido con los dirigentes del sinarquismo era insostenible.

Ese año ocurrió la renuncia a la jefatura de la colonia. Al salir de María Auxiliadora Lupita iba embarazada. Muchos años después, ya viuda, retornaría acompañada de su hijo Carlos Abascal Carranza. Con nostalgia contempló las imágenes fotográficas que se exhibían en su honor. Ella, joven de Tlalnepantla, en su palacio de petates y palma.

José Soto Molina es periodista, cronista del municipio de Comondú y escritor. Una selección de su obra narrativa está incluida en el libro Queda la palabra: Antología de escritores comundeños (ISC, 2014).

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