Sombreado por palmas de dátil, San Ignacio es un paraíso en medio del desierto. Aventúrese entre tules y carrizales para llegar a una serena laguna que durante los meses de febrero y marzo será hogar de la ballena gris.

La población es en su mayoría de pescadores. Ha sido también llamada “la puerta de entrada” a las pinturas rupestres de la Sierra de San Francisco. Este lugar alberga espectaculares murales que nos permiten darnos una idea del pasado e imaginar la vida de los antiguos pobladores.

Además del espectáculo natural de la vegetación, las características de la zona son ideales para actividades al aire libre como: caminatas, paseos en cuatrimotos, ciclismo de montaña, avistamiento de aves, kayak y buceo en las islas que se encuentran cerca del complejo lagunar.

Historia

También es llamado Kadacaamán, que significa arroyo del carrizal. Las pinturas y vestigios hallados en San Ignacio sugieren que estuvo habitado en el pasado por indígenas cochimíes. El lugar fue descubierto en 1716 por el padre jesuita italiano Francisco María Piccolo y fundado en 1728 por el jesuita mexicano Juan Bautista Luyando.

Los oasis permitieron que se establecieran aquí grupos humanos de cazadores y recolectores que dejaron rastros de su existencia en las cuevas y cañones.

Ubicación

Localizado a 641.6 kilómetros de Cabo San Lucas, aproximadamente a 7.30hrs en auto o 281.9 km desde Guerrero Negro al norte de la península.

Clima

San Ignacio goza de un clima templado en general durante todo el año. De octubre a mayo las temperaturas oscilan entre los 28°C y 35°C. La temperatura aumenta durante los meses de junio a septiembre, con días muy calurosos y soleados que llegan hasta los 43°C.

Atractivos

Misión de San Ignacio de Loyola

Establecida frente a la plaza principal, la construcción de este templo se inició a principios del siglo XVIII a instancias y bajo financiamiento de la Compañía de Jesús. La obra quedó inconclusa después de la expulsión de los jesuitas en 1767; fue retomada por el padre dominico Juan Crisóstomo Gómez.

La misión fue construida con bloques de piedra volcánica de 120 centímetros de espesor, lo que ha conservado la estructura casi intacta. En la fachada, sobresalen los bajorrelieves y nichos con esculturas de santos. En su interior resaltan un gran altar de madera labrada y chapada en oro, con siete óleos y una estatua de San Ignacio de Loyola, joya del arte religioso del siglo XVIII.

Museo de Pinturas Rupestres de San Ignacio

Exhibe una réplica de una pequeña parte de la Cueva La Pintada ubicada en Sierra de San Francisco en el Municipio de Mulegé, con fotografías que ilustran la labor evangelizadora en la región.

 

Laguna San Ignacio

Espléndido santuario donde la ballena gris llega para aparearse y dar luz a sus crías cada año de febrero a marzo.

 

Sierra de San Francisco

Espectaculares murales de arte primitivo con un sentido mágico-religioso. Se pueden apreciar figuras humanas, grupos de jaguares, reptiles, serpientes con cabezas de venado, entre otras. Todas pintadas en colores ocre, rojo y negro. Los sitios arqueológicos han sido delimitados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y es necesario la compañía de un guía autorizado para visitarlos.

En la Sierra de San Francisco se encuentra el mayor número de sitios con pintura rupestre de la península de Baja California, y de hecho es uno de los conjuntos más importantes de México, por sus dimensiones, la calidad de las representaciones, su variedad, su colorido y su extraordinario estado de conservación. Algunos de estos sitios han sido explorados en los últimos tiempos y varios de ellos pueden ser visitados, como Las Flechas y Boca de San Julio.

Este grupo de sitios con pintura rupestre, localizado en la reserva de El Vizcaíno, está asociado a los grupos nómadas, cuya subsistencia se basaba en la caza, la recolección y la pesca, que habitaron la región hasta la colonización española en el siglo XVIII.

De acuerdo con las fechas obtenidas en depósitos asociados a los abrigos rocosos, las pinturas cubren un amplio periodo que va de por lo menos 1100 a.C. a 1300 d.C.

Esos grupos tenían modos de organización económica y social complejos, así como elaborados sistemas rituales de los que son expresión las pinturas rupestres que se plasmaron en una gran cantidad de abrigos rocosos, a los que seguramente se acudía a realizar los mismos ritos de paso que otros dirigidos a propiciar la caza y la pesca. Por ello esas pinturas incluyen una notable variedad de motivos, tanto simbólicos como naturalistas, entre los que se encuentran seres humanos y animales de distintas especies como venados, pumas, ballenas, peces y águilas.

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