COMONDÚ: VIAJE AL CENTRO DE LO REMOTO

José Soto Molina

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Por más de dos siglos el territorio que hoy ocupa el municipio de Comondú –principalmente con el traslado de la capital en 1828-, quedó apenas poblado en los antiguos pueblos misionales como San José y San Miguel de Comondú, La Purísima y San Luis Gonzaga.

Durante el siglo XIX se dieron varios intentos para poblar la antigua California con poco éxito. Mientras los centros minero-ganaderos del sur, así como los puertos de La Paz y Cabo San Lucas, lograron concentrar la mayor población, hacia las islas Margarita y Magdalena ocurría la presencia depredadora de los cazaballeneros y el reparto de algunos sitios de ganado mayor en la zona de Intermedios, con cabecera en San Luis Gonzaga, paralelamente a las concesiones extranjeras a compañías de deslindes que no cumplieron el propósito de fundar colonias estables.

Con escasos caminos de herradura, aquellos pueblos misionales y los ranchos ganaderos diseminados en la sierra y los llanos de Magdalena, desarrollaron una cultura especial que se nutría de los saberes españoles de la misión y de lo que aportaron los nuevos ocupantes, origen de las tradiciones del vino, de la talabartería y el traje de la cuera, de la gastronomía y de la afición por la carrera de caballos y la vaquereada.

La desolación en aquellos extensos terrenos baldíos de sierra, llanura, costas e islas se mantuvo hasta las tres y cuatro décadas del siglo XX. La irrupción de lo moderno inicia prácticamente en 1949 con la colonización agrícola del valle de Santo Domingo. En el lapso de dos décadas surgen nuevos pueblos mejor urbanizados y equipados con escuelas, centros de salud, instituciones de gobierno y una población creciente a ritmos acelerados. En 1971 se reestablecen los municipios en el territorio de Baja California Sur: La Paz, Comondú y Mulegé. Loreto, declarado polo de crecimiento turístico en 1976, queda en categoría de Delegación.

Naturaleza del paisaje desolado.

En la actualidad la población urbana, el comercio y los servicios, se concentran en la cuadrícula de dos ciudades del valle de Santo Domingo, Ciudad Constitución y Ciudad Insurgentes, y dos puertos costeros en Bahía Magdalena, San Carlos y Adolfo López Mateos. Hacia el norte los oasis misionales de La Purísima y Los Comondú han recibido algunos servicios urbanos que no modifican substancialmente su fisonomía tradicional, que recuerdan los paisajes de Elche, España, por la introducción de palmas datileras, olivos y viñedos durante el período jesuita. Hacia la costa se ubica el puerto de San Juanico, registrado como Bahía de Arenas por el cosmógrafo Eusebio Francisco Kino en 1685, con potenciales turísticos en el surfing, por contar con una de las olas más largas de América.

Por la vocación predominante del municipio en las actividades primarias, el turismo hasta la década de los 90’s se concentra en Loreto; con la creación del nuevo municipio, Comondú le apostó a los avistamientos de la ballena gris en San Carlos y Puerto Adolfo López Mateos, en las aguas de bahía Magdalena. Esto significa que grandes espacios, rutas y lugares aún mantienen su atractivo natural, inexplorado y con escasa presencia humana.

Por su desarrollo y recursos naturales el turismo que se practica es el de aventura, alternativo, de naturaleza, interpretativo, principalmente en San Carlos, Isla Margarita, Cabo San Lázaro, Puerto Adolfo López Mateos, San Juanico, La Purísima, San José y San Miguel de Comondú, que registran servicios de alimentación, hospedaje y guía de turistas.

La inversión en el turismo del municipio no corresponde con los potenciales que registra: sitios conocidos en la historia universal desde el siglo XVI, especies relevantes como la ballena gris y el lobo marino, además de una gran variedad de aves migratorias y endémicas; referencias de viajeros, científicos, cazaballeneros y marinos durante el siglo XIX; sus oasis misionales y la arquitectura emblemática que data de los siglos XVIII a principios del siglo XX.

En las últimas fechas ha cobrado relieve en el mercado turístico internacional el interés por lo lejano. Desde los antiguos libros de viajeros esa idea, impregnada de magia y de exotismo, ha empujado desde exploraciones hasta las actuales tendencias de buscar lo inexplorado, aquellos sitios que permanecen intactos, solitarios y endémicos.

En el complejo insular Margarita-Magdalena –con 60 kilómetros cuadrados de extensión- se registran loberas, olas para el surfing en Cabo San Lázaro, barcos y submarino hundidos en la zona de los Naufragios, el bosque submarino de Eisenia arbórea, los faros de Cabo Falso y San Lázaro, la Isla de Patos, el santuario ballenero, especies de pesca comercial, además de extensas planicies de arena idóneas para caminar con la vista del Océano Pacífico en el horizonte o sinuosos canales de mangles que representan muchos kilómetros de aventura.

Otros atractivos poco visitados son las pinturas rupestres de la Cueva El Chavalito y los basaltos prismáticos de los Comondú. Para los que gustan de lo etnológico, cada rancho serrano conserva intactas sus tradiciones centenarias del vaquero, así como la comida, quesos, dulces en conserva y vinos de origen misional.

Si bien se han creado senderos interpretativos, existen senderos y oasis de tipo silvestre poco o nunca visitados en la Sierra de La Giganta o en la Sierra de Guajademí, al norte; caminos de bestia, manantiales y aguajes con peces de agua dulce, tortugas y una fauna típica del desierto como gatos monteses, pumas, venados, coyotes, tlacuaches y todo tipo de aves silvestres.

No obstante que las cifras de afluencia turística en el municipio de Comondú se relacionan con la temporada de ballena gris, es común encontrar visitantes nacionales y extranjeros en lugares poco frecuentados. Los yates particulares, motocicletas, bicicletas de montaña, campers o carros rodantes lo mismo recorren las Islas de Margarita, Magdalena y Creciente que las brechas a la misión de San Luis Gonzaga. El kayak, el buceo, la pesca deportiva, el senderismo, el alpinismo, el zafari fotográfico y el surfing son por hoy las prácticas más observadas en el municipio.

Algunos en grupos, otros en tours organizados o a través de lugareños convertidos en guías de turistas, tienen ante sí un mundo inexplorado, desértico, paradisíaco, fascinante, en donde hasta el silencio –apenas interrumpido por cigarras o el viento- es un disfrute de los sentidos.

Las bondades del clima, sus vientos frescos del Pacífico, la tranquilidad que se respira en los sitios remotos de la sierra, los paisajes ondulantes de dunas, pero sobre todo la amabilidad de los pocos lugareños, son idóneos contra el stress de la vida moderna.

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