De las grandes paredes blancas colgaban cuadros de tonalidades azules, así como tres corazones—uno grande y dos pequeños—que nos daban la bienvenida a The Wine Bar by Romeo y Julieta 

La música, que se escuchaba de fondo, se unía a las pláticas de los que recién llegaban y entre introducciones, nos dimos cuenta de que el grupo de personas había sido cuidadosamente seleccionado.  

Pero ¿quiénes eran? Poco después, conocimos que cada uno de nosotros trabajábamos en diferentes sectores, desde arquitecto y diseñador de interiores, hasta bienes raíces, tiempo compartido, doctor, contador y, por supuesto, periodista.  

Esta pequeña reunión de 10 personas estaba encabezada por el autor de los corazones y cuadros que veíamos y de quien, al finalizar la noche, sentimos que ya conocíamos. Héctor Herrera, artista originario de Ciudad de México, pero que radica en Ensenada y amante del territorio sudcaliforniano, nos recibía con un saludo agradable y los brazos abiertos para disfrutar de lo que sería una increíble velada.  

The Wine Bar Heritage es una propuesta original que busca que un viernes por la noche los visites para probar su coctelería. El ambiente se presta para sentarte con amigos, pareja o familia y bajo la luz cálida, platiques, convivas, rías.  

Por eso, The Wine Bar decidió crear esta nueva experiencia, un networking cultural cada dos meses que nos permita conectarnos, entre cocteles y platillos, entre diferentes puntos de vista y pláticas, entre amigos y desconocidos.  

Eso fue lo que pasó el viernes por la noche, cuando el pequeño grupo se sentó con Héctor para hablar de su obra, de su amor por Ensenada y el mar, por los cuadros que ha pintado para Rancho San Lucas, y la exposición que ahora desfilaba ante nuestros ojos.  

El menú, por otra parte, jugó un papel importante los platillos, creados por nada más y nada menos que Alberto Collarte, Christian Ricci, Matias Forte y Allan Kallens, nos permitió degustar creaciones únicas 

Los platillos fueron: ostión perfumado, tiradito de atún con cítricos y aguacate, sardina empanizada con alioli, fabada con pulpo y guanciale, ensaladilla de pepino encurtido, curanto, y helado de rooibios y amarena.  

Cada platillo estaba maridado por un vino diferente, de una región especial, como Eremo, Langhe Rosso DOCG de Fontanafredda, Piemonte, Italia, que hacía que el sabor explotara en tu boca.  

La plática se convirtió en un intercambio de ideas, pensamientos y emociones. A veces algunos estábamos de acuerdo y, otras, no tanto. La importancia de esta nueva experiencia es conectarnos con estas personas y, de cierta manera, tener ganas de coincidir una vez más en el camino.  

Los temas variaron entre política y arte, en donde palabras como izquierda, consumismo, Siqueiros y Diego Rivera aparecieron. Héctor fue un anfitrión que hizo que la conversación fluyera y las copas sonaran con un “¡saaaalud!” lo que creó un networking especial entre los presentes e incluso hizo que se intercambiaran teléfonos. 

¿Se logró el objetivo? Sí, sí se logró, porque al final de la noche, los desconocidos nos habíamos convertido en conocidos.  

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