Los primeros pintores en la península

Enrique Hambleton

Se puede decir, sin temor a equivocarse, que el arte prehistórico de la Península de Baja California es de los más antiguos de América. Sabemos que las tradiciones, técnicas de pintar y grabar en piedra fueron expresadas por los diferentes grupos nativos que habitaron la península, pues hay miles de sitios esparcidos por toda su geografía. La más espectacular de estas manifestaciones pictóricas es la tradición Gran Mural que se encuentra a media península. Es también de las más antiguas, ya que el análisis del pigmento utilizado en una de sus figuras fue preparado 9,200 años antes del presente, utilizando minerales finamente molidos y aglutinantes orgánicos derivados de cactáceas.

La cultura responsable de estas bellas y coloridas pinturas se le conoce sencillamente como “los pintores”, pues lo único que sabemos de ellos con certeza es su legado pictórico frágilmente plasmado sobre la roca. Las primeras noticias de su existencia fueron reportadas por misioneros jesuitas a mediados del siglo XVIII. Lo que ocurrió en la península antes de ese encuentro se halla envuelto y recóndito en las brumas de la prehistoria.

El estilo Gran Mural es considerado como una de las cinco concentraciones más importantes de pintura rupestre en el mundo por su escala monumental, su gran número de sitios, su generalmente buen estado de conservación y la calidad de su ejecución. El epicentro de esta milenaria tradición artística es la Sierra de San Francisco, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993.

Su estilo se caracteriza por figuras humanas y animales a gran escala de trazo firme y decidido, decoradas con una variedad de motivos cuyo significado aún se desconoce. Las figuras humanas, de cuerpos amorfos, están representadas siempre de frente con los brazos en alto y en posición estática. Las figuras animales, por lo contrario, se encuentran representadas fielmente de perfil y en movimiento, lo que permite su fácil identificación. Este contraste entre figuras estáticas y dinámicas imparte fuerza y tensión en muchos de los murales, provocando la contemplación de un mensaje complejo e intrigante.

Son numerosas las preguntas que se antojan al contemplar estas obras, pero escasas tienen respuesta pues es casi nada lo que sabemos de estos primeros muralistas mexicanos. Sólo nos dejaron elocuentes lienzos, testimonios de su presencia en esta tierra que nos hablan de la magia, la caza, los rituales y simbologías que representan sus mitos y creencias. Son un valioso patrimonio que enorgullece a Baja California Sur y a México. Propongo que todos estemos comprometidos en conservar este legado que custodiamos en nombre de la comunidad.

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