La Leyenda: Un pacto entre vacas y corrales

El ranchero de Sudcalifornia tiene sus orígenes en el siglo XVIII. Sin embargo, no es hasta finales del siglo XX que se consolida su figura. Explorar los valores, el estilo de vida, identidad y su cultura es parte de las anécdotas que se tejen en torno a diferentes leyendas.

Durante las primeras décadas del siglo pasado, hubo rumores de una historia peculiar sobre un ranchero que vivía cerca de la Misión de San Francisco Javier de Viaggé-Biaundo.

Un tal Juan, se presumía un maduro y hábil arriero con los animales, dueño de un gran ganado. Eran conocidas sus habilidades para manear a las bestias. Algunas personas creían que era un diablo. Se comentaba también, que había pactado con el mismo Lucifer para obtener sus habilidades con el manejo del ganado. También se rumoraba que el pacto tenía un tiempo límite y que, al finalizar, el mismo enemigo vendría a buscarlo. ¡Y así fue!

Una mañana apareció un toro negro, robusto y de gran tamaño entre las vacas del corral. Los vecinos, al ver semejante especie, tocaron a la puerta del susodicho.

Al ver que el hombre no respondía a las llamadas de sus vecinos, entraron a su casa y lo encontraron acostado en la cama. Le advirtieron sobre un animal que había entrado en su propiedad, le aconsejaron cazarlo y ponerlo en otro corral. Sin embargo, prefirió ignorar los consejos de sus vecinos.

Según la leyenda, se creía que el toro negro era la encarnación del diablo, y ese día, buscaba al ranchero para cobrar la deuda. Por eso se resistía a levantarse de la cama.

Pero cuando se dispuso a erguirse sobre el colchón para cambiarse la ropa y caminar hacia el corral donde se encontraba la bestia, una ráfaga de viento sopló sobre las vacas, haciendo desaparecer al ranchero.

Nunca más se supo nada de él, ni del enorme toro negro.

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