Sombreros, Botas Y Mulas

La Ruta por El Camino Real

Saliendo de la Misión de San Francisco Javier de Viggé-Biaundo hacía San José de Comondú

El itinerario inició en la Misión de San Francisco Javier de Viggé-Biaundo en el municipio de Loreto. Se trata de la segunda misión permanente construida por los jesuitas en 1699, tan solo 2 años después de fundar la primera Misión en Loreto (1697). Está ubicada en el interior de la Sierra de la Giganta y dista 33 km de Loreto.

El propósito del viaje era experimentar durante tres días de trayecto lo que es una “recua”; es decir, en la cultura sudcaliforniana es el oficio de organizar un conjunto de animales de carga que se arría para el transporte de diversas mercancías, que se utilizan como compraventa entre ranchería y ranchería. Las mulas son los animales ideales para largas rutas; como en esta ocasión que el tramo del Camino Real elegido fue entre San Javier y San José de Comondú.

El legendario Camino Real —representaba la principal ruta de comunicación y transporte en la época misional— también llamado Camino de las Misiones de California, es la expansión del sistema llevado a cabo por los misioneros jesuitas, franciscanos y dominicos. El camino conecta a unos 2650 kilómetros de distancia a las 61 misiones y sitios fundados entre 1697 y 1834 en la Península de Baja California.

La Planeación

Contactamos a Trudi Angell, quien produjo el documental La Recua, ganadora de varios premios, entre ellos La Baja Inspira 2021, otorgado por el Festival Internacional de Cine de Los Cabos. Ella era nuestra mejor aliada para lograr esta excursión y jugó un papel crucial.

Diligentemente organizó el viaje en menos de una semana, junto con Cesáreo “Charo” Castro González, quien la asiste incondicionalmente. Trudi nos envió un borrador escrito a mano con el itinerario de tres días. Ellos, junto con José “Che” Martínez Castro prepararon todo lo necesario para esperarnos en la Misión de San Francisco Javier de Viggé-Biaundo y empezar la travesía.

Tener el respaldo de guías locales para transitar por la sierra, es lo más recomendable para que sea una andanza inolvidable. Durante nuestro viaje, el equipo de Tendencia tuvo la fortuna de contar con José “Che” Martínez y su hijo Fausto, mejor conocido como “Chato”. Nos guiaron con agudeza y cuidado mostrándonos con orgullo ese camino que han transitado tantas veces y del cual tienen registrado donde ubicar agua, lugares para acampar, petroglifos, y lo más importante el camino a seguir.

Nuestros guías Che, Chato y Charo se mostraron sumamente hospitalarios, sin duda es una característica genética y cultural que distingue a los rancheros sudcalifornianos. Y Trudi, a la cabeza de la excursión, tiene un espíritu de servicio y una sonrisa de paz que evoca confianza, seguridad y protección.

Manejamos por 7 horas de Cabo San Lucas a Loreto, llegamos a las 11pm, dormimos allí para iniciar la aventura al otro día a las 6am.

El Inicio

Después de realizar muy de mañana algunas tomas audiovisuales por el camino a San Javier, llegamos al punto de reunión, allí conocimos a José de Jesús Martínez Delgado que junto con su esposa Ana María Castro, nos ofrecieron un delicioso café para animarnos en esa fría mañana. La segunda parada fue en Rancho El Horno, sitio de descanso para abastecer y comerciar con víveres. Un abundante desayuno era necesario para tomar ánimo y emprender la ruta por tres días. Los chilaquiles preparados con tostitos fueron todo un descubrimiento gastronómico, justo lo que exigía el camino: una reserva de energía.

Nuestro viaje inició, “Che” empezó a asignar las mulas y de repente estábamos listos para partir. El primer tramo fue una marcha por dos horas, así empezamos a encumbrarnos en la Sierra de la Giganta.

Todos estábamos emocionados. Cuando preguntamos a “Che” como sabía por dónde ir, nos comentó imperiosamente: “Sé el camino porque vengo observando todo, no me distraigo”.

Después de dos horas, justo en tiempo como lo habían programado, llegamos a un cruce donde estaban Trudi y Charo esperándonos para que descansáramos de las mulas, y continuáramos al Rancho Santa Isabel en camionetas. Allí fue el segundo descanso.

Rancho Santa Isabel

Rancho conocido por tener una casita emplastada con adobe, a la usanza antigua de construcción. María Elena Arce Davis, nativa loretana, nos contó sobre las actividades cinegéticas que se realizan en el área, y que son coordinadas por el Ejido de San Javier. También nos mostró su más preciada reliquia familiar: una cocina tradicional sudcaliforniana con más de cien años que perteneció a su suegra.

Nos mostró la bodega, lugar donde guardan herramienta, sillas de montar y tarabillas para hacer lazos. Observamos también un pequeño tendido de carne oreándose para hacer que la molienda sea más fácil en la elaboración de la tradicional machaca.

Su familia está capacitada para guiar a las personas aficionadas a la cacería, ellos los reciben en Rancho Santa Isabel y atienden todas sus necesidades del viaje. La agricultura y la ganadería son igualmente parte de sus actividades.

Justo al despedirnos de María Elena, llegó su esposo con algunos cazadores que estaban hospedados allí. Nos pusimos en marcha de nuevo, reanudando nuestro camino.

Palma de Ávila

La tercera parada fue Palma de Ávila, allí llegamos en las camionetas. Trudi, Charo, Che y Chato prepararon todo el campamento para instalarnos durante la primera noche. En este fantástico lugar, nos tomamos el tiempo para entrevistar a Trudi, teníamos curiosidad por saber más de ella y de su amor por la “California Original”, como le llama a la península.

Mientras tanto, los demás descargaban a las mulas para que descansaran, comieran y tomaran agua. Más tarde, la luna era tan brillante que casi no era necesario el uso de las lámparas. Las estrellas marcaban perfectamente las constelaciones y parecían una escena sacada de una película.

La cocina tradicional es toda una experiencia en este tipo de expediciones. En esta ocasión, probamos empanadas de frijol dulce, carne con especias, las incondicionales tortillas de harina y el postre, guayabate con queso fresco de cabra, elaborado por la esposa de Che.

A la mañana siguiente, temprano, nos dispusimos para continuar el recorrido después del desayuno a base de huevo revuelto, frijoles y tortillas de harina. Y una exquisita salsa ranchera en lata.

Luego vino la despedida, Trudi y Charo se regresarían con los vehículos porque ya no había camino para transitar. Recogimos todo para que el lugar quedara tan limpio e impecable como estaba cuando llegamos. El resto del camino se haría solo cabalgando en mulas.

Che y Chato se encargaron de montar otra vez todo, teníamos que elegir lo básico para el resto del viaje a lomo de mula por jornadas de más de cinco horas, la mayoría del tiempo bajo los rayos del sol, y otras tantas bajo grandes cactáceas y palmeras entre oasis. Ya estábamos advertidos de las condiciones del viaje.

Durante el camino entre llanos y mesetas nos sorprendían impresionantes cactus con enormes brazos, la flora tiene tantas formas, que son indescriptibles. Los oasis eran señales de agua y posibles zonas de descanso.

La adrenalina se vive al máximo, te mantienes en constante asombro por los caprichos de la naturaleza, hasta ahora casi intacta por el hombre. La travesía es un tiempo verdadero de contemplación entre senderos estrechos, ascensos y descensos empinados, y sitios que te obligan a detenerte para admirar un poco más.

Rancho Quiñi

Siete horas más tarde, llegamos a un ancestral rancho llamado Quiñí, donde quedan rastros de muros que pertenecían al rancho y una enorme cañada que nos serviría de protección. Estábamos asombrados de todo lo que habíamos conocido en las siete horas de camino, y emocionados por todas las fotografías y videos que teníamos.

Hugo nos apoyó a armar las casas de campaña, mientras Che y Chato preparaban los alimentos para compartir. Entre café y tortillas de harina después de cenar, nos dispusimos a entrevistar a Che y a Chato, queríamos conocer más de nuestros guías, de ese estilo de vida sudcaliforniano que se aprecia tan envidiable. Se preparó una fogata para proporcionar la luz necesaria, esto entusiasmó a Dennis y Hugo, pues reforzarían las imágenes que capturarían.

La noche en Rancho Quiñí fue más fría, pero el cielo estaba lleno de estrellas. Estábamos agotados y dormimos profundamente.

Solo 7 horas de camino para llegar a San José de Comondú

Entusiasmados por la recta final, nos levantamos temprano, desayunamos y volvimos a dejar el espacio que habíamos utilizado limpio, impecable. Che y Chato separaron para el camino empanadas de frijoles, naranjas y queso en arguenas de cuero crudo. Cada uno llevaba en su mula algunas botanas conocidas como superfoods, agua y suero.

Retomamos la cabalgada, en un par de horas llegamos a unas bardas de piedras enormes que parecían hechas por el hombre como una protección. Fue inevitable detenernos a escalar y tomar fotografías. Preguntamos a Che cómo se llamaba ese lugar, y como no tenía ningún nombre, decidimos llamarle la “portada robada”, pues estábamos seguros de que tendríamos allí la foto de portada, todas las imágenes anteriores se palidecían ante este lugar.

Nos detuvimos una vez más en un enorme piso de piedras, perfectamente diseñado por la naturaleza, era inevitable fotografiar en ese lugar. Pero a la vez, teníamos que cuidar las baterías del dron, teníamos ya solo una reserva para terminar el viaje.

“El último tramo fueron dos llanos larguísimos, después volvimos a encumbrarnos para empezar el descenso y tener enfrente muy a lo lejos un rancho, Che mencionó que era de un amigo que vivía en San Miguel de Comondú”.

De repente empezamos a descender de nuevo, a lo lejos y en la parte baja de una colina, observamos San Miguel de Comondú, situado en el margen del arroyo de Comondú. Fue nombrado Pueblo Histórico, los pobladores han conservado la arquitectura con fachadas coloridas.

Sabíamos que detrás de San Miguel a solo 4 km llegaríamos a nuestro destino, San José de Comondú. Las mulas superaron las dificultades de los diferentes terrenos a los que nos enfrentamos. Después de tres días y dos noches de recorrido intenso, logramos transitar el famoso Camino Real.

Ahora, nuestro objetivo es que las fotografías y los textos sean una inducción a estos rincones poco conocidos de México para quienes aman viajar y explorar la península Sudcaliforniana. ¡Qué viaje tan increíble!

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