La historia de María, beneficiaria de la Casa de Día del DIF en Cabo San Lucas, muestra cómo la colaboración entre instituciones públicas, asociaciones civiles e iniciativa privada puede fortalecer la salud, la autonomía y la dignidad de las personas adultas mayores.
Envejecer con dignidad no depende únicamente de recibir atención médica. También requiere una alimentación adecuada, acompañamiento, espacios seguros y una comunidad dispuesta a cuidar a quienes, durante años, contribuyeron a construirla.
La historia de María, beneficiaria de la Casa de Día para el Adulto Mayor del DIF Los Cabos, es un ejemplo del impacto que pueden tener estas redes de apoyo. Desde que se incorporó al programa mensual de entrega de despensas respaldado por la Fundación Solmar, su vida cotidiana comenzó a transformarse.
De acuerdo con información proporcionada por la fundación, estudios clínicos recientes registraron mejoras importantes en sus indicadores de salud, asociadas con una alimentación más equilibrada y constante. Sin embargo, el alcance de este apoyo va más allá de una despensa: para María representa tranquilidad, autonomía y la posibilidad de vivir esta etapa con mayor bienestar.
La Casa de Día para el Adulto Mayor, operada por DIF Los Cabos, brinda alimentación, terapias, seguimiento y espacios de convivencia a personas mayores de 60 años. Su labor se fortalece mediante la participación de organizaciones de la sociedad civil y aliados de la iniciativa privada que contribuyen a dar continuidad a sus programas.
En el marco del Día de las Personas Adultas Mayores, conmemorado cada 28 de agosto en México, esta historia invita a reflexionar sobre la responsabilidad colectiva que implica el cuidado en la vejez.
Para Griselda Torres, directora de Fundación Solmar, garantizar la seguridad alimentaria de las personas adultas mayores no debe entenderse únicamente como una acción asistencial, sino como una inversión en la sostenibilidad social de Los Cabos.
“En algún momento de la vida todos cuidaremos y seremos cuidados”, señala Torres, al destacar la importancia de ofrecer nutrición adecuada y espacios dignos a quienes forman parte esencial de la historia de la comunidad.
Una huella que se multiplica
Durante 2025, Fundación Solmar recaudó 7.7 millones de pesos mediante aportaciones de huéspedes y empresas aliadas. Los recursos fueron destinados a proyectos sociales desarrollados por 15 asociaciones civiles, en beneficio de 4 mil 416 habitantes de Baja California Sur. En 2024, la población beneficiada fue de 2 mil 658 personas.
Además de los programas dirigidos a personas adultas mayores, la fundación canaliza recursos hacia iniciativas enfocadas en la atención de infancias en situación vulnerable, la inclusión de personas con discapacidad, la salud comunitaria y la formación educativa.
La historia de María recuerda que el bienestar de una comunidad también se mide por la manera en que acompaña a quienes la precedieron. Cuando instituciones, empresas y sociedad civil trabajan con un mismo propósito, una despensa puede convertirse en salud; un espacio de convivencia, en autonomía; y el cuidado, en una forma profunda de reconocimiento y gratitud.