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Los llanos de Magdalena o de Iray, de acuerdo a su toponimia guaycura, se ubican en la porción central del Estado de Baja California Sur, Municipio de Comondú. Hacia el Océano Pacífico cuenta con un litoral protegido por islas registradas y bautizadas desde el siglo XVI y XVII por los exploradores españoles Francisco de Ulloa, Juan Rodríguez Cabrillo y Sebastián Vizcaíno.


Recorrer las islas y las costas de la gran bahía nos introduce en un paisaje donde la historia y la ecología se unen. Descubierta por el capitán Francisco de Ulloa (1539-1540), uno puede imaginar su refugio temporal en Bahía de Almejas, a la que llamó laguna Santa Catalina.

Posteriormente, el veterano portugués Juan Rodríguez Cabrillo, compañero del conquistador Pedro de Alvarado, exploró la costa peninsular en junio de 1542 y el día 13 entró en la gran bahía a la que impuso el nombre de Magdalena.

Luego aparecería Sebastián Vizcaíno, con el encargo de realizar un levantamiento cartográfico de islas, Bahías, esteros y litorales del Océano Pacífico que ofreciera seguridad a los dominios españoles y establecer puertos de abrigo para la Nao de China y el comercio español, asediado por la piratería inglesa.

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En 1602 Vizcaíno tocó la bahía Trinidad y la bautizó Bahía Marina. El 16 de julio registró el Puerto Marqués, en honor al conquistador de la Nueva España Hernán Cortés. El nombre de Magdalena se atribuyó a los tres exploradores, aunque en el caso de Vizcaíno parece asociarse a la figura de Cortés y Magdalena a su esposa. El nombre de Marqués cambió con el tiempo a Puerto Cortés, más a propósito con la voluntad de honrar al conquistador. Puerto Marina, ubicado en la Isla Creciente, pudiera referirse a Doña Marina, aunque no se tienen mayores referencias.

Del viaje de Vizcaíno se reconoce la importancia estratégica de Bahía Magdalena para establecer un puerto de abrigo, un signo que habrá de marcar el destino de la bahía.

El periodista Fernando Jordán en su libro, El Otro México, señaló que los Llanos de Magdalena ocupaban 20 mil kilómetros cuadrados de superficie terrestre y la Bahía Magdalena 3 mil kilómetros cuadrados de aguas protegidas.  El complejo insular se compone de las islas Santo Domingo, Magdalena, Margarita y Creciente que en conjunto suman 293,880 hectáreas. La isla Magdalena  es una isla angosta en forma de escuadra con una longitud aproximada de 45 kilómetros y una anchura máxima de 25 kilómetros. La Isla Margarita está separada por el canal de Bocana de Entrada y Creciente, tiene 39 kilómetros de largo y 9 de ancho en su punto máximo, extendiéndose los canales hasta la boca de Santo Domingo al norte.

J. R. Southworth, en Baja California Ilustrada, (1899; 2ª Ed. 1989, Gob. Del Edo. de BCS, p. 35) escribió: “La Bahía Magdalena tiene 15 millas de largo y 12 millas de ancho, y en su lindero noroeste está enlazada por una serie de lagunas que se extiende hacia el norte y abraza una distancia de más de 60 millas, las cuales son navegables para buques de regular tamaño… No se encuentra en toda la costa del Pacífico un puerto más seguro y más amplio.”

León Diguet, basado en una carta marina, también describe la Bahía Magdalena. “Esta vasta bahía que figura entre las más importantes, las más profundas y las mejor abrigadas de la vertiente del Pacífico de América, está situada en la vertiente occidental de la península, en las riveras de la región designada con el nombre de llanos de Magdalena o Zona Orchillera” (Reseña Geográfica y Estadística del Territorio de la Baja California, París-México, Librería de la Vda. De C. Bouret, 1912).

La historia de Bahía Magdalena se respira en el aire fresco del Océano Pacífico. Episodios controvertidos, conflictos diplomáticos y militares entre las potencias europeas y los países americanos constituyeron un reto para la soberanía nacional. El signo geo-político marcó la apacible geografía marina: España urge a sus capitanes para localizar un puerto de abrigo que salvaguarde a la Nao de Manila del ataque de los corsarios ingleses; Estados Unidos de Norteamérica insiste en la concesión o compra de lo que considera una bahía estratégica en la ruta marítima San Francisco-Panamá.

En la isla Margarita quedan las ruinas de la vieja mina de magnesita en un lugar llamado Barrio Triste. De la exportación de orchilla solo quedaron algunas prensas abandonadas. De la presencia de los marines en la base naval quedaron algunos torpedos.

El paisaje marino recobró su milenaria tranquilidad y belleza, ya sin los estruendos de la Flota Blanca ni el bullicio portuario de barcos mercantes y orchilleros. La ecología restauró su equilibrio como santuario de ballenas, lobos marinos, aves migratorias y una grandiosa biodiversidad pesquera y biológica, la mejor invitación a pasear por sus canales, estuarios, dunas, islas y puertos.

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