El trayecto de ida

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Después de cuatro horas de camino desde Cabo San Lucas, llegamos a un pequeño restaurante al lado de la carretera, en el kilómetro 77. El calor era intenso y se sentían las ganas de aventurarse en la profundidad de Baja California Sur.

El espacio en donde nos encontrábamos era un galerón con paredes rocosas cubiertas por fotografías, cuernos y, por supuesto, un cuadro de la Virgen.

Llevábamos diez minutos ahí y Óscar Ortiz, socio fundador de Cabo Expeditions, ya estaba platicando con el dueño del lugar, quien, con jeans, camisa blanca y sombrero, nos dio la bienvenida desde detrás de un mostrador tapizado con productos típicos de la dieta de un mexicano: galletas, cacahuates y dulces. A su vez, podías leer dos cajas de cartón que ahora cumplían la misión de ser letreros. En uno se leía “Se vende machaca estilo 77 en La Paz” y en otro “Empanadas de carne”.

El sonido del aceite en el sartén y la mesa pintoresca con manteles de flores blancas con café fueron de las primeras impresiones con las que nos topábamos en esta aventura.

Se escuchaba a lo lejos alguien hablando en la televisión y el grito de una señora que decía “También tenemos empanadas de carne”. El olor de los alimentos cocinándose hacía que tu estómago no pudiera esperar dos segundos más y, después de horas de carretera, ponía a prueba tu paciencia.

La comida fue todo lo que esperábamos. Café, quesadillas y platillos típicos: burritos de machaca con frijol y empanadas de carne.

Gracias a esa misma comida, la conversación de la mesa se tornó a hablar sobre qué nos hace ser sudcalifornianos. Cada uno de los que estábamos sentados pertenecía a otro estado de la república, pero se sentía parte de la península. En realidad, nuestro amor por la región crece porque vivimos en la tierra que nos acogió y nos dio la bienvenida.

A Baja California Sur decidimos llamarle hogar.

Después de devorar la comida y conocer a fondo con quiénes íbamos a viajar durante esos días, salimos del restaurante. Frente a la carretera, en medio de la nada, sentí una gran tranquilidad. Me recordaba, una vez más, la importancia de emprender esa Travesía entre Dos Mares.

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