Aquella mañana del 17 de marzo ocurrió una celebración eclesiástica inusual. Los niños paceños vieron el arribo de la guapa jovencita Guadalupe Carranza, “la princesa de Tlalneplantla” como la bautizó su hijo Juan Bosco y el legendario dirigente de la Unión Nacional Sinarquista, Salvador Abascal Infante.  Ella de escasos 18 años. Él de 33 años.
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