Las Pitahayas de California

La Leyenda

Por 50 ediciones hemos contado relatos que se han transmitido de generación en generación. Muchas leyendas han sido fantasiosas, otras han tenido una pizca de verosimilitud, lo más importante, es que cada una nos acercó más a la identidad de la península.

Ha sido todo un reto esta búsqueda de anécdotas, pondremos una pausa a la sección de Leyenda para seguir investigando nuevas.  ¡Hasta la próxima! 

En los áridos montes de la península de Baja California existen diversas clases de cactus, plantas resistentes a las sequías que forman parte de la vegetación característica de esta región de México. Los más comunes son el cardón, el garambullo, el nopal, la biznaga, la choya y las dos clases de pitahayas que producen frutos dulces y agridulces.

Cuando los jesuitas llegaron a California a fines del siglo XVII se sorprendieron cuando los nativos les obsequiaron unos frutos del monte de cáscara roja y espinas. Después, al recorrer los alrededores de la misión de Loreto que habían fundado, encontraron las plantas, de la fruta que los nativos llamaban tammia. Las pitahayas formaban parte importante en la alimentación ya que constituían un medio de sobrevivencia en este medio inhóspito donde residían.

Fue el jesuita Miguel del Barco quien hizo una descripción de las características de estos árboles y de las maneras como aprovechaban los nativos estos frutos. Acostumbrados a una hambruna permanente, se comían la cáscara, la pulpa y las semillas y, en casos extremos reunían estas últimas y doradas en el fuego las consumían con deleite.

Los dos árboles de pitahaya son diferentes como son también los frutos que producen. El primero es de mayor altura y es necesario usar un gancho atado a un palo delgado o un carrizo para poder alcanzar los frutos. Esta vara conocida con el nombre huichuta, todavía es utilizada por las personas que se internan en el monte en busca de las pitahayas dulces.

El segundo árbol es de baja altura y tiene sus ramas dispersas rodeadas de espinas y los frutos son de mayor tamaño y también con espinas en su cáscara.

Relata el padre Del Barco que los indios acostumbraban a recoger gran cantidad de frutos y después de quitarle la cáscara juntaban toda la pulpa, la batían y amasaban para posteriormente formar una bola que guardaban cubierta con hojas de maíz o de otra planta. De esta forma el alimento se conservaba por largo tiempo sin desmerecer su sabor.

En los meses de junio a agosto maduran las pitahayas dulces y las agridulces en los siguientes dos meses. En algunas regiones como en el valle de Los Planes, la zona de El Triunfo y San Antonio cada año se recolectan muchoas pitahayas para venderlos recién cortados o bien en forma de jalea que es la forma más exquisita de saborearlos. Incluso en el pueblo de El Triunfo se realiza la Fiesta de la Pitahaya en la que se premian los ejemplares más grandes y de mejor presentación.

En el folklore Sudcaliforniano se recuerda a esta fruta con La Danza de la Pitahaya, además de leyendas y canciones populares.

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