Tierra perfumada

Dr. José Martín Olmos Ceseña

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Oasis Sudcalifornianos

La desolada ternura del desierto situado entre el Golfo de California o Mar de Cortés, mismo que se formó para ser el más exclusivo de los mares, y el majestuoso Océano Pacífico el más grande, antiguo y profundo de los océanos en la Tierra, es sin lugar a duda la madriguera de oasis esparcidos por Sudcalifornia. Esta es una tierra larga y lejana, donde un aventurero nacional o extranjero es maravillado por los placeres de esta tierra perfumada. Reafirma en sus palabras Fernando Jordán, “el otro México… el reino imaginario…el reino de los Oasis”.

“En Baja California Sur la tierra no es mala; el cielo es el ingrato”, escribió Fernando Jordán también, al referirse a la rara vez que llueve en este brazo descarnado de la patria. La frase, acuñada hace más de sesenta años sigue siendo recordada por cientos o quizás miles de sudcalifornianos, como un canto del desierto…

Pero que decir de las tierras bendecidas por aguas que surgen a la superficie por medio de grietas… El oasis de San Ignacio, El oasis de Mulegé, el bello Oasis que cruza las bellas poblaciones de San Isidro y la Purísima, por nombrar algunos.

Tradicionalmente, un oasis es un área verde con agua en el desierto. Es un hábitat fértil para plantas y animales, un lugar de abundancia. Un oasis es un refugio, un lugar placentero, en contraste con el área que lo rodea. Al mismo tiempo, ofrece quietud y soledad mientras que satisface nuestras necesidades básicas. Como fuente de alimento y agua, los oasis han jugado un papel importante en el desarrollo de las comunidades, un oasis es el cielo para la vida y un alimento para el alma.

El Oasis de San Ignacio es famoso por la imponente Misión de San Ignacio de Loyola, construida por los jesuitas a comienzos del siglo XVIII y ubicada frente a la plaza central. A pocos metros de distancia se encuentra un pequeño museo que exhibe una réplica de parte de la cueva con pinturas rupestres más grande de la zona. Este bello oasis está rodeado de datileras. Es un lugar encantador para descansar, jugar, hacer ejercicio y reflexionar sobre la vida.

El rio San Ignacio, también llamado Oasis, cruza toda la población. Sus orillas están llenas de palmas y dátiles, mismas que se producen en una enorme cantidad cada año. Es un oasis apacible donde se puede acampar, practicar el canotaje sobre sus tranquilas aguas, o solo disfrutar de un maravilloso día.

En sus huertos abundan las higueras, vid, cítricos y mangos; su producto característico que le ha dado fama desde los tiempos antiguos es el dátil, que crece regado por el oasis que se extiende de noroeste a suroeste y se pierde en los arenales a los 2 km.

La Purísima y San Isidro se ubican aproximadamente a 145 km al norte de Ciudad Constitución. Ambas poblaciones son cercanas entre sí. Este par de pintorescas localidades se hermanan compartiendo un fascinante paisaje a lo largo del bellísimo manantial con palmares y frondosos árboles. Fue aquí donde, en 1717, llegó el padre jesuita Nicolás Tamaral para fundar la Misión de la Purísima Concepción de María Cadegomo. En 1718, el padre Paluo, se refirió  a las bondades de las misiones y al lugar como “un sitio bello y un cielo feliz”.

Las poblaciones están rodeadas de cerros de baja altura erosionados por el tiempo. En su relieve sobresale la figura simbólica del Cerro El Pilón, que ha sido motivo de rencilla entre las dos comunidades. Con una altura de 400 metros, los cuales representan un reto para los conquistadores de las alturas, la figura del cerro significó para los padres jesuitas del siglo XVIII la imagen de la Virgen María.

Ellos lo interpretaron como un mensaje divino que les indicaba establecer una misión en este lugar. Si usted pregunta a las personas de La Purísima y San Isidro donde se encuentra el Cerro El Pilón, seguramente le responderán de acuerdo a la población donde viven.

Mulegé es otro oasis en el desierto… además de poder realizar numerosas actividades, el lugar invita a conocer los vestigios históricos, para los cuales se coordinan visitas guiadas hacia las pinturas rupestres de La Trinidad y San Borjitas, localizados en las cercanías del poblado.

Como referencia histórica, podemos destacar que el lugar fue descubierto en un viaje de exploración durante el año 1702, cuyo protagonista principal fue el padre jesuita Juan María de Salvatierra. Al año siguiente, cuando arribaron al sitio los padres Francisco María Piccolo y Juan María Basaldú, fundaron la misión denominada Santa Rosalía de Mulegé, que se ubica en lo alto de una loma cerca del extenso palmar.

Otro gran atractivo de este oasis es la cárcel sin puertas. Hoy en día, el edificio histórico es un museo regional, digno de visitar para descubrir algunos misterios de esta localidad. Por otro lado, este oasis nos da la oportunidad de visitar las playas: Santispac, Requesón, Concepción, Los Cocos, el Burro y el Coyote, que se encuentran a escasos kilómetros del centro de Mulegé.

Los Oasis Sudcalifornianos, son un recorrido que introduce al aventurero en la historia, la evolución y la increíble flora y fauna de cada lugar, además de develar los aspectos sociales y económicos de los habitantes de estos singulares poblados rodeados por maravillosas vistas de palmeras y datileras. Es una escenografía cultural con una belleza natural conservada por el ranchero sudcaliforniano.

Al viajar a través de esta parte de la península, puedes enriquecer la travesía con el avistamiento de ballenas, la visita a una zona de arte rupestre o un safari fotográfico a lo largo de la ruta de las misiones jesuitas.

Sudcalifornia, tierra perfumada, tierra de Oasis, es un destino maravilloso, donde la desolada ternura del desierto increíblemente toca todos los sentidos humanos de quien se atreve a la aventura…a descubrir la magia y una realidad que sobrevive.

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