Naturaleza en toda la extensión de la palabra

Del escritorio de Laura G. Bueno

La humanidad, a través de todo su devenir histórico ha recorrido el mundo en busca de tierras, climas y ambientes amigables para establecerse. En ocasiones nos llegamos a preguntar el origen de las poblaciones, algunas de ellas alejadas y en climas difíciles para su desarrollo, pero allí están y sus culturas subsisten a pesar de los elementos naturales agresivos.

Parecería que Los Cabos y toda la Península de Baja California estuviera muy lejos de la civilización, pues tan solo en su extremo sur, todo lo que rodea a Cabo San Lucas y a San José del Cabo son aguas marinas. Francisco de Ulloa en 1539 recorrió los litorales de la península y determinó que no era una isla, y que su parte norte se unía a una extensa faja de tierra.

En ese Finisterre, nuestra vista sólo ve agua en tres de los puntos cardinales y para el norte, desierto y montañas, que en su cordillera central parecen ser la columna vertebral de la tierra. Desde esas alturas se pueden contemplar ambos medios acuáticos que la rodean. El brazo terrestre de la península se extiende de norte a sur en 1,200 kilómetros, aunque el ancho de ese poderoso brazo solamente tiene 250 kilómetros en su parte más larga y alrededor de 45 kilómetros en su parte más delgada, en la parte sur en donde las formaciones de rocas se entierran como garras que se hunden en el mar mostrando el enigmático arco de Los Cabos.

Para quien lee esto, le resultará extraño que estos sitios tengan una gran afluencia de visitantes de todo el mundo y principalmente de Norteamérica y México. ¿Cómo es posible que en este fin de la tierra haya tantos atractivos en un desierto, rodeado de mares?

Quienes le visitan por primera vez y conocen sus atractivos turísticos y naturales quedan mágicamente encantados y regresan de nuevo. Baja California Sur es un magneto que no puede resistirse.

Además de la gente del lugar, nacionales y extranjeros fusionan sus culturas para formar una comunidad con cultura, arte, tradiciones, comida, música y actividades al aire libre. El área natural que ofrece la península de Baja California es de gran diversidad, desde recorridos por el desierto que muestran la fauna y la flora, las misiones fundadas por los españoles, playas, acantilados, pinturas rupestres o visita de ballenas en temporada de invierno.

Todo ello es una muestra de que somos viajeros de un breve tiempo.

Y hablando del tiempo. Es lo más valioso que tenemos. Cuando pensamos en un momento de esparcimiento o vacaciones, cada cabeza es un mundo. Escoger un lugar de alojamiento, desde un hotel con todos los servicios, rentar alguna casa o departamento; alquilar un auto para recorrer los lugares, una moto, cuatrimoto o “buggies” para vivir experiencias emocionantes en los caminos y veredas del desierto.

¿Y por qué no acampar? Muchos tememos las incomodidades de la falta de servicios, pero eso también es un lujo. La península de Baja California tiene, entre sus playas, lugares para hacer senderismo y pasar la noche. Qué más se puede pedir cuando se trata de un lugar aislado.

Evidentemente no tendrás a nadie alrededor que preste los servicios tan amplios de un hotel, sin embargo, tendrás la esencia de la naturaleza y la quietud de un mundo en donde sólo tú y la presencia de quienes escojas te acompañarán.

La diversidad de islas y playas que presenta el Mar de Cortés, a donde puedes llegar en yate, barco, o incluso a través de las montañas te muestra caminos poco recorridos. Podrás subir faros y escalar como los borregos cimarrones. Las vistas desde las alturas son majestuosas. La satisfacción de llegar a la cúspide, escuchar tu propia música, beber y comer lo que tu decidas y solo acompañarte de alguien o del silencio se puede hacer en este paraíso que te acabo de platicar.

Deja unos días el lujo de tu hotel y atrévete a estar contigo.

En esta experiencia disfrutarás de amaneceres, con matices de más colores de los que un pintor puede imaginar, así como de los atardeceres con nubes rojas y rosadas, que pintan los rayos del sol cada tarde, desde el Océano Pacífico o a través del Mar de Cortés y la Sierra tan imponente.

Mirarás por las noches otro mar, pero de luces, pues las estrellas llenarán la bóveda celestial.

Desde esta península de Baja California Sur, es increíble pensar que trazando una línea directa al sur del planeta llegaríamos a otro gran Finisterre, a la distante Patagonia, en la que se funden las aguas del Pacífico y del Atlántico.

Hospedarte en las tranquilas poblaciones de Baja California Sur, caminar por las callejuelas y recorrer las iglesias, los comercios, bares y plazas te dejarán grandes recuerdos y bellas fotografías.

Los Cabos es un destino turístico para todos los gustos y posibilidades económicas, pues quienes prefieran comer en casa, podrán adquirir a precios razonables toda clase de verduras, frutas, carnes, pescados, mariscos, quesos, pan y vino en las grandes tiendas de autoservicio o en las pequeñas tiendas cercanas al lugar en donde estén alojados. También disfrutarás de taquerías, mercados, vendedores de refrescos, paletas, elotes, cocos fríos y demás antojos. Encontrarás mercadillos orgánicos y restaurantes en el desierto.

Aunque seas de las personas que disfruta de hospedarse en un gran hotel de lujo, pegado a la playa, que incluye todos los servicios de alimentos, bebidas y diversiones, no dejes de aventurarte al otro mundo de la naturaleza en toda la extensión de la palabra.

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